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Desde la Cueva El Llamado de la Sangre
El 12 de septiembre de 1965, Alyea desembarcó un cuadrangular en su primer turno al bate como ligamayorista. Salió a batear como emergente por Don Blasingame en la sexta entrada y disparó un cuadrangular de tres carreras con Jim French y Fred Valentine en las bases. Fue reemplazado en la primera parte del séptimo episodio por Don Lock. Tito Rondón
Casi toda la población y la circuncidante, varios miles, se había hecho presente para ver desfilar a unas 90 carrozas, más bandas de guerra, delegaciones, y diez equipos juveniles de béisbol de todo el mundo, Corea, Bélgica y Taiwán incluidos. Los Hyland también vieron desfilar a su huésped, ya que todo el pueblo hospedaba a los juveniles jugadores. Algunos llegarían a las Mayores, como los dominicanos Rafael Bournigal y Luis Rosado o los australianos Mark Ettles o el larguirucho Graeme Lloyd. Incluso estaban futuras estrellas, como el quisqueyano Juan Guzmán o los estadounidenses Jack McDowell y Gregg Olson, y hasta superestrellas como el canadiense Larry Walker o el lanzador del “Team USA” que se cambió de posición a jardinero y hasta de nombre, de “Joey” a Albert Belle. Pero la estrella más rutilante en Kindersley lo sería el campocortista de Cuba, Omar Linares, cubriendo muchísimo terreno con poderoso brazo y llevándose los lideratos en cuadrangulares e impulsadas. Pero no se llevó la corona de bateo. Otros dos jóvenes empataron ese liderato, el estadounidense Mark Kramer y, ¡oh alegría!, el huésped de los Hyland, el nicaragüense Brant Alyea. No podía faltar a la cita un buscador de talento de los Pájaros Azules de Toronto, Wayne Morgan. Cuando escucho eso de “el nicaragüense Brant Alyea”, se dijo que si ese nombre no era el de un Grandes Ligas de algunos años atrás, de Estados Unidos. “No hay más remedio que batirse”, como diría el ocurrente gran poeta Francisco de Quevedo al Capitán Alatriste en las célebres novelas de Pérez-Reverte. Arma corta, la “Total” o la “McMillan”, o arma larga, el brazo sinfín de la Internet… Efectivamente, ahí está, en Baseball-Reference.com: “Garrabrant ‘Brant’ Alyea, nacido en Passaic, New Jersey, el 8 de diciembre de 1940, jardinero, seis temporadas entre 1965 y 1972, .247 de promedio con 38 cuadrangulares y 148 impulsadas en 866 turnos. Un 12 por ciento mejor bateador que el promedio de Grandes Ligas”. ¿Habrá conexión? De todas formas, Morgan recomienda a los “Azules” que firmen al muchacho. Investigamos, con la ayuda de peloteros nicas de la época, y de Peter Gammons, que en los años 80 escribía, entre otras publicaciones, para “Sports Illustrated”. En 1965 el Oriental, de la Liga Profesional de Nicaragua, contrata a Garrabrant, que acaba de recibir una exitosa probadita con los Senadores (nuevos) de Washington: dos cuadrangulares en 13 turnos. Conecta once jonrones, y sale con una guapa muchacha llamada Aura Medina. Esa campaña hace que el Bóer le ofrezca contrato para la campaña 1966-1967. Cuando regresa a Managua se da cuenta que Aura ha dado a luz a un precioso niño. Alyea es persona muy decente, y le pregunta a su amigo, el gran inicialista cubano Francisco “Panchón” Herrera, cuál es su deber como padre. “Reconocer al niño como hijo y bautizarlo”, contesta Panchón. El jonronero cubano es nombrado padrino. “Le di mi nombre”, recordaría Alyea. “Sólo que cortado a ‘Brant’, sin el ‘Garra’, no quería confundir a mi hijo”. “La fiesta del bautizo estuvo alegrísima”, recordaría uno de los invitados, el lanzador nica Amín Eslaquit, que al igual que Panchón jugaba en ese tiempo con el León. “Todo el Bóer estuvo ahí”. La temporada llegó a su fin, y con ella la pelota profesional en Nicaragua. Alyea vio por última vez a Brant a su paso hacia Venezuela a finales de año. Aura se casó y se mudó a Venezuela. Con el terremoto de 1972 se rompió todo contacto entre padre e hijo; la segunda esposa del pelotero rompía las cartas sin entregarlas. Pero aún sin poder comunicarse con su papá el niño Brant sentía el llamado de la sangre. Amaba el béisbol y lo jugaba, y muy bien. Perteneció a los tiempos de Carlos Torres, Nemesio Porras, Ramón Padilla {“bateá, Ramón Pandilla, bateá”, le gritaba Ramiro Solórzano, el entrañable “Fonguito”, quien anunció desde los parlantes del estadio de Managua a todos los personajes mencionados aquí, y más, desde el “Chino” Meléndez a Everth Cabrera). Llegó a la selección nacional juvenil. En octubre de 1984 se jugó lo que es hoy la Copa Mundial de Béisbol en La Habana, Cuba, Increíblemente, la tarjeta llegó a casa de Morgan, y Toronto envió al famoso scout Epifanio Guerrero a Nicaragua, quien se arregló de palabra con su abuelita. Brant se escribía con los Hyland; a través de Dennis los Blue Jays le enviaron un boleto aéreo vía México. Brant empezó su carrera en 1985, con Medicine Hat en categoría “Rookie”. Fue durante esta temporada que el jefe de su padre en un casino de Atlantic City le entrega al veterano Alyea un recorte de la revista “Baseball Card News”, con un artículo de peloteros activos en las menores cuyos padres jugaron en las Grandes Ligas. Inmediatamente Alyea llama al Toronto, pero el equipo no deja que entre en contacto con el hijo (era época de tensiones políticas y los Blue Jays no sabían con seguridad quién estaba llamando). Por fin, en el entrenamiento de primavera de 1986, cuando los ligamenoristas ya se habían reportado a Dunedin, padre e hijo se juntaron por primera vez en 18 años. Brant no había terminado todavía de aprender inglés, y Garrabrant hablaba pocas palabras de español, pero el entendimiento fue instantáneo y completo. Desde entonces han estado en constante contacto y a veces viviendo juntos. Brant es apenas uno de siete nicaragüenses en conectar de jonrón a nivel triple A o más alto (aparte de los tres jugadores de campo nicas en las Mayores, David Green, Marvin Benard y Cabrera, Duncan Campbell en 1961, Rigo Mena en 1964, Brant en 1988 y Juan Muñoz en 1998 completan la lista). No llegó a las Mayores, pero cumplió otro de sus sueños al regresar a jugar a Nicaragua, donde se reunió con muchos de aquellos con quienes había compartido juventud en los terrenos de juego. Se retiró después de la temporada 1999-2000, jugador inolvidable del Bóer, ahora casado y con hijos. A ver si a alguno de ellos los llama también la sangre, y saltan al terreno de juego, aunque sea en Carolina del Norte. Expulsado sin jugar Tito Rondón
Antes que terminara la noche yo sería expulsado del juego… Todo había empezado tres años antes, cuando la división del béisbol mundial propició por única vez en la historia dos campeonatos del mundo de aficionados, llamados hoy las “Baseball World Cups” números XXI (en Cuba) y XXII (en Nicaragua con subsedes en Honduras y Costa Rica). En el decisivo último juego, el miércoles 5 de diciembre de 1973 en León, Estados Unidos y Nicaragua luchaban 0-0 con los futuros Grandes Ligas Rich Wortham y Denis Martínez en la lomita. Un corredor del “Team USA” se fue de primera a tercera con un sencillo, y el antesalista nica, un fildeador maravilloso llamado Valeriano Mairena, recibió el tiro y tocó al corredor en la misma fracción de segundo. “¡Out!”, sentenció sin vacilar el umpire Cesare Carlucci, compatriota del corredor. Eventualmente ganó Estados Unidos 1-0. Cuando me encontré a Carlucci en Cartagena lo felicité por su honradez. “A mi adorada madre que fuera, si es out la canto out”, me dijo con convicción. Me platicó del deber sagrado del umpire de hacer cumplir las reglas del béisbol. Pero con una excepción. “No me gusta que el grandote humille al pequeño. Por ejemplo, Cuba practica y ha perfeccionado el truco de la bola escondida. Después de un batazo a los jardines, se pierde la pelota y de repente el corredor de segunda es sorprendido. A mí me encanta esa jugada, pero en un partido cerrado. Si alguna vez veo a los cubanos intentarlo mientras aplastan a un país novato, la voy a parar”, me contó aquel árbitro sin saber que hablaba proféticamente. Así que el segundo día de competencia, después que un mal equipo mexicano había perdido ante un buen Japón que exhibía a futuras estrellas profesionales como Yoshihiro Maekawa y Kazuhisa Hino, el equipo cubano atrajo a miles de entusiastas admiradores. Como era el primer partido, el manager Servio Borges no tuvo más remedio que abrir con su as, el maravilloso Braudilio Vinent. Respaldado por supuesto por todos los titulares, por si acaso… No había necesidad. El primer bateador, Wilfredo Sánchez inició el partido con doble, y Cuba anotó dos veces. Agurtín Marquetti barrió las bases llenas con un triple en el segundo episodio, y los antillanos pisaron el plato cuatro veces más. El torpedero Rodolfo Puente también dio triple, de dos carreras, y él también anotó en el tercero. En la siguiente entrada, el adorno: jonrones kilométricos de Armando Capiró y Marquetti. Total, que Holanda perdía 11-0 en el cierre del cuarto, y se le ocurre al segundo bate de Holanda Fred Lewis conectar un doble al jardín izquierdo con corredor en primera. Era el primer imparable de los europeos; Capiró recortó admirablemente y Frank Smit se detuvo en tercera mientras el tiro… pero ¿qué se hizo tiro? ¡Y Carlucci es el juez de segunda! Carlucci había pedido tiempo… Mi trabajo era estar con un micrófono inalámbrico en el terreno de juego y reportar; por supuesto que eso había sido consultado con el Comité Organizador y finalmente había sido aprobado, pues en esos tiempos también había fotógrafos y camarógrafos en el terreno. Así que salí corriendo todo lo que pude y me coloqué al lado de Servio cuando éste se dirigía a reclamarle al umpire. Lo que hizo desde mucho antes de llegar, con un lenguaje totalmente salido de tono (supongo que típico de la época en el beis). Pero cuando digo totalmente, es totalmente… De repente Borges se dio cuenta de mi presencia, y más importante, de la presencia del micrófono. Mirando a Carlucci, con la cara descompuesta de furia, atinó a decir: “como venía diciendo, en esta discusión entre caballeros, usted, señor umpire, no podía pedir tiempo pues la jugada no había terminado”. Carlucci contestó que sí, que ya la pelota estaba de regreso en el cuadro y que el corredor se había detenido en segunda, por lo que si le daba la gana pedía tiempo y ya. Así siguieron unos minutos, y luego nos retiramos todos. Cuba terminó ganando 27-1, sin hacer casi cambios. Recuerdo haber recibido la impresión que con ese cruel partido Cuba como equipo perdió el cariño de los aficionados. No así los peloteros, que fueron muy populares. Sabía que la cosa no terminaría ahí… Un par de días después empezaba otro juego y otra transmisión. Con el primer bateador el umpire, un colombiano que soportaba mil bromas ya que se llamaba Pedro Ramos, como el famoso lanzador cubano, de repente se volteó hacia el dugout donde me encontraba y gritó “¡Usted!”. Volví a ver a mi alrededor pero todos los jugadores que una fracción de segundo antes me rodeaban habían desaparecido como por encanto. “¡Usted!”, repitió el juez. Usando toda mi lógica deduje que se dirigía a mí, así que apunté mi dedo índice hacia mi persona y brillantemente dije “¿yo?”. “¡Si, usted!”, dijo Ramos. Y girando para señalar a las graderías, agitó su brazo derecho y añadió, “¡fuera del partido!”. Encendí disimuladamente el micrófono y lo agarré para que no se notara que estaba transmitiendo, aunque no creo haber engañado a nadie. Corrí hacia el umpire, y le dije que no me podía expulsar. “Si ni siquiera estoy jugando”, le aclaré. “No puedes estar en el terreno con el micrófono”, me dijo. Le enseñé la autorización del Comité Organizador. El sacó otro papel y me dijo, “el mío es más nuevo, es de hoy”. Lo leí rápidamente y en voz alta, para que lo captara el micrófono. Ramos tenía razón. Entonces hizo algo que hará que jamás lo olvide. Me puso el brazo sobre los hombros, y me dijo “mira chico, sé que éstas son tonterías, pero órdenes son órdenes. Y las tengo que obedecer. Discúlpame”. Y me dirigió suavemente hacia el dugout, donde esperaba la salida… Al día siguiente apelamos, y se llegó al compromiso de que podía estar en el terreno, pero solamente podía usar el micrófono en un radio de dos metros alrededor del perímetro del techo del dugout. Cuando sucedía algo fuera de lo normal, corría sin micrófono al terreno, me enteraba de lo que pasaba (motivo de discusión, gravedad de la lesión, etc.), regresaba a la caseta, tomaba del techo el micrófono e informaba a la afición nicaragüense mientras la colombiana se quedaba a oscuras, ya que no podían escuchar mi emisora. Hasta el día de hoy jamás me han expulsado de un partido. Excepto la vez que no estaba jugando… MEJORES LOS NICAS EN LAS MENORES
¿Sabía que la efectividad, siempre a nivel de Grandes Ligas de Douglas Argüello fue de 3.79, comparada con 8.38 de Wilton Aristides López Sevilla y 4.46 de Vicente Padilla? Hace casi 30 años Bill James, el mejor analista del Béisbol (Que Hoy Trabaja Para Las Medias Rojas De Boston) descubrió que no era cierto que los números de los peloteros en Las Ligas Menores no significaban nada. Ahí estaba una larga lista de jugadores que habían “quemado” la triple A y nunca se habían establecido en las mayores, como Ricky Nelson y Tommy Lasorda. Pero james descubrió que las estadísticas sí pronosticaban, pero ojo, exactamente igual que en grandes ligas. Es decir, a veces si se establece un nivel de producción y otras veces no. solamente Vinicio Castilla con los Rockies siempre tenía la misma temporada... Lo que pasaba era que los números siempre se sacaban fuera de contexto. No es lo mismo batear .330 en liga costa del pacífico que en la liga de Florida, aparte que una es clase AAA y la otra A. En la primera vuela la pelota y en la segunda nadie batea. Por supuesto, en las décadas subsiguientes se ha avanzado. Se analizan las estadísticas de bateo porque ellas nos descubren si el jugador es disciplinado, no hace swing a lanzamientos fuera de la zona de strike, o si le tira a todo. Hay cifras indicadoras: si en doble a un lanzador abanica al doble o más de los bateadores que la bases por bolas que concedió, entonces va por buen camino. Hoy día se analiza el porcentaje de elevados que se llevan la barda, el poder aislado (o sea “slugging” menos promedio de bateo), y cien cosas más. Hace unos años vimos a un joven dominicano, botado del béisbol, jugar en la liga nica de Lester Avilés en Miami. Un dirigente contrario que era un buscador de talento en las ligas independientes, Sammy Torreira, lo recomendó. Un analista de los yanquis de Nueva York, en una oficina, escudriñaba todas las estadísticas de las ligas independientes. La proporción de ponches a bases por bolas del muchacho Edwar Ramírez era impresionante. Los mulos de Manhattan enviaron a un evaluador a verlo actuar, lo firmaron, y un par de meses después estaba en grandes ligas (ahora labora en clase Triple A). Por supuesto el promedio de bateo solo no significa nada, sobre todo examinado junto a la edad y características del prospecto. Mientras a Cabrerita se le pronostica un buen futuro, Ofilio carece de velocidad, ojo y poder. No ha sido firmado para 2010, pese a su buena campaña en clase doble A. Argüello (Astros de Houston) ha tenido problemas en el brazo, pero debe empezar este año en clase Triple A. Él y Juan Carlos Ramírez, que va a Doble A, pero dominó en el entrenamiento de primavera con los Filis de Filadelfia, son las esperanzas nicas para estrenarse en 2010 en la meta de todo pelotero: las grandes ligas. Si lo logran, por primera vez en su historia nicaragua produciría dos ligamayoristas en años consecutivos. La Pulpería Según el ex narrador de los Marlins de Florida Roger Mejía, el taiwanés fu-te ni tiene los tres nombres completos más cortos en la historia de las grandes ligas. Lanza para los Tigres de Detroit. El clásico mundial de béisbol sigue produciendo: Casey Olenberger, cuya abuelita es de apellido Micheletti, jugó con Italia tanto en 2006 como en 2009. Miguel Cabrera le dio jonrón en ambas ediciones. Seguro que Miguel piensa que lo espera en 2013 otra vez... Fue bonito ver al ex Chinandega Ambiorix Concepción en la serie del caribe. Qué clase de vergüenza deportiva dio Andy Morales en la liga nica de Miami. La tercera base del Rivas recibió una línea durísima en salca sea la parte, pero antes de caer inició una doble matanza relampagueante. Pasó a jugar la inicial pera evitar movimientos bruscos, pero dos entradas más tarde voló de cabeza por los aires para atrapar una línea floja cerca del montículo. Este es el jugador que terminó de hundir a los Orioles en 1999, cuando les ganó por Cuba el ex instructor de lanzadores del San Fernando, José Ariel Contreras. NOVECIENTAS ESCUELAS A UNA… SOMOZA ELIMINÓ EL BEISBOL PROFESIONAL DE NICARAGUA CON UNA MENTIRA
Hace algunos años le pregunté a algunas personas sobre el final de la primera liga profesional de béisbol en Nicaragua, que se jugó de 1956 a 1967 inclusive, de 57-58 a 66-67 en la modalidad de “liga de invierno” (período al que llamábamos “verano” en Nicaragua porque no llueve). La respuesta más detallada me la dio José Adán “Chanito” Aguerri. Su historia es ésta: “La primera opción que se consideró fue enviar una comisión para hablar con el Presidente, pero ‘Tacho’ seguía hablando en contra de la liga, y nadie se atrevió a ser parte de esa comisión. “Entonces alguien propuso hablar con la Primera Dama, Doña Hope Portocarrero de Somoza, para ver si ella en privado lo convencía de darnos una audiencia en la cual pudiéramos exponer nuestros puntos de vista. Yo fui uno de los enviados y hablamos con Doña Hope, quien prometió ayudarnos. “¡Qué susto nos llevamos un par de días después! El Presidente insultó a la Liga Profesional y sus directivos, diciendo entre otras cosas que si creíamos que a él lo mandaban las mujeres… “Ante eso, se decidió no pedirle nada, y dejar pasar el año sin jugar para que se apaciguaran los ánimos. “Pasado el año, todavía no había nadie con ganas de hablar con el Presidente, y entonces la liga murió”. Recuerdo un comentario algún tiempo después. “Decía Somoza que no podía perdonarle los impuestos a nadie porque necesitaba construir escuelas, y desde entonces en muchos años construyó una. Luis Somoza y René Schick le perdonaron los impuestos a la liga y construyeron 900 escuelas”. Nota de René Cárdenas: No recuerdo con exactitud si leí en La Prensa de Managua o escuché por radio que Anastasio Somoza DeBayle, se había pronunciado en contra de la continuación de la Liga de Beisbol Profesional de Invierno, porque los peloteros extranjeros se llevaban del país muchas divisas. Según el columnista de la Estufa Caliente y tremendo historiador de beisbol, Tito Rondón, que una vez compartiera conmigo la narración de los juegos de los Dodgers, los peloteros extranjeros se llevaban cien mil dólares al año en salarios durantes los campeonatos de beisbol invernal de Nicaragua. Al fin y al cabo, como no hubo liga, no hubo impuestos que colectar y muchos perdieron el empleo estacional que brindaba el espectáculo. Lo peor de todo fue que el pueblo perdió una buena diversión o circo como lo llamaban los políticos mal intencionados de esa era. Me inclino a creer que la muerte del beisbol profesional --por la razón que haya sido--eliminó el incentivo del pelotero nicaragüense. De esto, el beisbol nica, no se ha recuperado todavía. EL MEJOR MOMENTO DEL ZURDO DÁVILA Tito Rondón
Pero, ¿cuál fue su mejor momento? A Dávila le gustaba recordar su llegada a México (debutó con victoria en 1947, según cuenta Tomás Morales en su “Temporada de Oro Número 2”), el entrenamiento de primavera de 1945 con los Rojos de Cincinnati (“si hubiera hablado inglés y entendido las instrucciones, tal vez…”), su estadía en Venezuela. Pero lo que yo mejor recuerdo es que “Lefty” gozaba en grande rememorando su campeonato de la Liga Mexicana en 1949 con el Monterrey y bajo el mando del mitológico estratega cubano Lázaro Salazar. Salazar ganó un campeonato en República Dominicana, en México nada menos que siete y tres en Venezuela (a como recordó Rodolfo González Castillo en “La Magia del Príncipe de Belén”, publicado en México en 1995). Francisco Dávila Torres nació en León, Nicaragua, el 10 de octubre de 1922. A los 13 años jugaba en el equipo juvenil “Hospicio San Juan de Dios”; y a los 14 ya contra hombres en Mayor “B” con el “TNT”. En la misma categoría pasó al equipo “León”; en 1940 ingresa a Primera División con el “León-Sinclair” que pasa a ser el “Roberto DeBayle”. Con ellos gana el campeonato nacional ante el favorito 5 Estrellas en 1943; desde 1940 es seleccionado nacional. A pesar de no ganar en la Séptima Serie Mundial Amateur, en Caracas en 1944, impresiona, y Carlos Lavaud lo firma para el Magallanes. Todavía no era profesional, pues la Liga Venezolana no se había declarado como tal. Pero lo ve lanzar la estrella de las Ligas Negras, el receptor Quincy Trouppe, amigo de Brian Giles y buscador de talento no oficial de los Rojos de Cincinnati. Lo firman y en 1945 lanza en el Syracuse de la Liga Internacional. A finales de año regresa a Venezuela, y participa en la primera liga profesional de ese país, con el Magallanes (y juegan al mismo tiempo que la Temporada de Oro de los Pasquel y la Liga Nacional Mexicana). Inmediatamente se empieza a jugar béisbol invernal en Venezuela, y Dávila sigue en el Magallanes. En 1947 va a México y se integra al San Luis Potosí; en 1948 pasa al Puebla, y en 1949 al Jalisco. En 1949 se juega la campaña en dos vueltas, con los respectivos ganadores enfrentándose en la serie final por el campeonato. Monterrey gana la primera ronda, pero las Mayores perdonan a los jugadores suspendidos en 1946 y Lou Klein se reporta a los Cardenales de San Luis. Los Industriales refuerzan su pitcheo adquiriendo a Dávila del Jalisco. Torreón, un desastre en la primera vuelta, sorpresivamente gana la segunda y va a la final. Los primeros dos partidos se jugarán en casa de los “Algodoneros”. Para el primero el dirigente de los Industriales de Monterrey, Lázaro Salazar, famoso por saber escoger el lanzador apropiado para cada situación y equipo contrario, no escoge a su as, Daniel “La Coyota” Ríos, máximo ganador del circuito con 21 victorias… ¡sino a sí mismo! El dirigente-jugador Memo Garibay, selecciona a su mejor lanzador para golpear primero, y en casa: Tomás Arroyo (16-7, 3.01), en oposición al “Príncipe de Belén” (14-7, 3.60). El piloto Salazar da el buen ejemplo, lanza y gana y se respalda a si mismo conectando un cuadrangular e impulsando tres anotaciones. Para la recta final entra Ríos, acreditándose juego salvado (aunque en 1949 eso no existía) en triunfo de 8-5. El juego del día siguiente es decisivo; Torreón no puede encajar dos derrotas antes de viajar a la guarida del enemigo, Monterrey. Pero Salazar ya “quemó” a sus dos mejores lanzadores, y a los “Algodoneros” les queda su mejor importado, el cubano Wilfredo Salas (11-13, 3.84). Los Industriales ripostan con el nica adquirido del Jalisco, “Pancho” Dávila (9-7, 3.69). Es un partido clave, si Monterrey gana va a su madriguera con la serie a favor dos juegos a ninguno. Para Torreón es vida o muerte. Cuando Dávila sube al montículo tiene al frente a dos de los oponentes que Jonathan Robinson enfrentó en La Habana en 1940 en la Tercera Serie Mundial Amateur, cuando Nicaragua venció a Cuba por primera vez en eventos internacionales, Pedro “Charolito” Orta y el inicialista Virgilio Arteaga. Tal vez es una buena señal. Por otra parte, también en la alineación contraria está Jesús “Chanquilón” Díaz, al igual que Garibay veterano de la visita de las Estrellas de Ernesto Carmona a Nicaragua desde finales de 1942 a principios del siguiente año, ganada decisivamente por los visitantes (solamente el sorprendente Gilberto “El Patito” Cajina con relevo de José Angel “Chino” Meléndez, Alfredo Noguera Solórzano “El Serpentinero” y Alfredo “Chiquirín” García habían vencido al equipo mayormente mexicano, ya que contaba con cubanos y el estadounidense Bertram “Búfalo” Hunter). Fue cuando Carmona dijo, “cuántos buenos jugadores hay en Nicaragua, lástima que no tengan ni idea de cómo se juega a la pelota”… Precisamente Dávila había perdido uno de los partidos y batazo de “Chanquilón” al montículo que fue hit lo había sacado del partido. Y “Chanquilón” lo castigó nuevamente siete años después con doble impulsador que puso arriba a los de casa en el segundo episodio, y con cuadrangular solitario en el cuarto que empató el juego a dos. Fue la última amenaza de Torreón. Dávila diseminó nueve imparables y Monterrey venció seis a dos, con el receptor dominicano José Luis St. Clair “Pepe Lucas” empujando cuatro carreras . Luego en casa, en el parque Cuauhtémoc de la Calzada Victoria, Ríos tiró juego completo para vencer 9-4 (Felipe Montemayor tuvo triple y tres impulsadas), y el viernes 6 el jardinero recién convertido en lanzador Rodolfo “El Mulo” Alvarado dio sencillo de dos carreras y se acreditó la victoria con relevo de “La Coyota” para ganar 7-4 y proclamar al Monterrey campeón. Fue el mejor momento del Zurdo; se quedaría jugando en México invierno y verano en diversos circuitos. En 1952, ya en Nicaragua, prueba ser dirigente y sale campeón en Mayor “B”, y en 1953 dirige con éxito al León y a la Selección Nacional. En 1956 es el dirigente del “Flor de Caña” cuando empieza la pelota profesional en Nicaragua, y a pesar que el equipo no tiene jugadores importados lo tiene luchando en mitad de la tabla. Los directivos ceden, contratan extranjeros y quitan a Dávila, y el club se hunde. Pasa a ser instructor del León, y en esa capacidad gana la Serie Panamericana de 1958 ante el Vanytor colombiano y los Venados de Mazatlán, que traen a su ex compañero del Monterrey Epitacio “La Mala” Torres. En 1958-59 el Oriental contrata al “Mulo” Alvarado y a Felipe Montemayor, que establece la cifra más alta de jonrones en una campaña con 21, y lleva a su equipo al campeonato, sin duda inspirando gratos recuerdos al Zurdo. Un año antes, Dávila había relevado sin éxito en un par de partidos, pero aún así tuvo un último gran momento como pelotero: en su único turno al bate dio imparable retirándose del béisbol con promedio de por vida de mil puntos en el beis nica. Sobre DON y el Chele Cárdenas Tito Rondón La Serie Mundial tuvo una audiencia total muy elevada. “Todo el mundo la vio”, dice Greg Cote del Miami Herald. “Menos los jueces…”. Dice Lady Gaga que ella es la Mariano Rivera de los shows. “Soy la closer”, afirma. Y siempre salva… La efectividad de Aroldis Chapman en Cuba equivale a 6.65 en Grandes Ligas. Entre eso y su mala presentación en el Clásico, hay serias reservas para firmarlo. Pero su brazo tiene derretidos de amor a los scouts… Hablando de cubanos, dicen los entendidos que con Dayán Viciedo hay que olvidarse de average, jonrones, impulsadas y todo eso. La estadística clave para su posible éxito en Grandes Ligas es libras (de peso). Historia de las Transmisiones en Español de las Grandes Ligas Tito Rondón
Y un momento después: “50 segundos”. Cada diez segundos la voz anunciaba lo que faltaba para que comenzara la transmisión, su frialdad en contraste con la emoción que sentíamos los fanáticos, especialmente los más jóvenes. La cuenta aceleró al llegar a la marca de diez segundos: “diez... nueve... ocho...”. Inmediatamente después del “uno”, un momento mágico: repentinamente el jubiloso rumor Y una vez más los niños de aquel ayer éramos testigos a través de las palabras de otro clásico combate entre aquellos gigantes, los Yanquis de Yogi, Mickey y Whitey, y los Dodgers de Pee Wee, Newcombe y el Duke.
Según escribe Samuel O. Regalado en el boletín del otoño de 1995 de la Sociedad Histórica de California “California History”, citando sus investigaciones y a los historiadores Jorge Reina Schement y Ricardo Flores, los primeros intentos de transmisiones en español se dieron en la Liga de Texas (categoría doble A de hoy día) hacia 1924 en el área de San Antonio. A nivel de Grandes Ligas los primeros partidos narrados en español fueron los de la Serie Mundial de 1936 a través de la cadena “Cabalgata Deportiva Gillette”, en la voz de Buck Canel, quien narraría todos los Clásicos de Otoño hasta 1977. Le acompañó a través de los años una verdadera galaxia de estrellas de Latinoamérica, entre ellos Felo Ramírez y Orlando Sánchez Diago de Cuba, Musiú Lacavalerie de Venezuela, Lalo Orbañanos y Rafael “Mago” Septién de México y Sucre Frech y René “Chelito” Cárdenas de Nicaragua. También transmitían peleas de boxeo de campeonato mundial de los pesos pesados. Según información obtenida por Brent Shyer, antiguo ejecutivo de los Dodgers de Los Angeles, el gran innovador Walter O’Malley aprobó una sugerencia de Tony Villante de la agencia de publicidad BBDO para hacer algunos juegos de casa del Brooklyn en español a través de la estación WHON en la voz de Canel. Esto continuó hasta que los Dodgers se mudaron a Los Angeles. Por ejemplo, el 7 de marzo de 1957 los Dodgers anunciaban que 40 juegos de casa serían narrados en español. A René Cárdenas, quien había narrado pelota en su país de origen, Nicaragua, se le ocurrió que la llegada de los Dodgers era el momento ideal para que se escuchara diariamente el béisbol de Grandes Ligas en español. Le pidió a su amigo Alejandro “Alex” Prada que le hiciera una cita con su jefe, el gerente de la estación KWKW, William Beaton. René convenció a Beaton que la idea era buena, y le pidió que hablaran con Walter O’Malley. El dueño de los Dodgers tenía su base en un hotel en Wilshire Boulevard, y les dio cita a Beaton y Cárdenas para que René explicara su plan. O’Malley se entusiasmó, y desde ese momento accedió a las transmisiones en español. Pero Cárdenas no fue nombrado inmediatamente como narrador, antes tendría que vencer una serie de obstáculos. Stan Evans recuerda perfectamente esos días. Como vicepresidente de Gumbinner Advertising trabajaba con la American Tobacco Company, que patrocinaba las transmisiones de los Dodgers. Al mudarse el equipo de Brooklyn a Nueva York se realizó un estudio de mercadeo. Los Angeles no era un gran mercado para Lucky Strike, pero los recién salidos Tareyton estaban empezando con ventas decentes en el área., donde ya eran preferidos del público los puros Roi Tan. “Los estudios eran favorables”, recuerda Stan. “Los hispano-parlantes eran nuestra audiencia ideal: eran aficionados al béisbol, apoyaban a los Dodgers... y fumaban. Era un mercado grande y que crecía, de gran potencial”. Ejecutivos de la agencia escucharon grabaciones de narradores en español. Uno de ellos era René Cárdenas. “Entre unos diez que escuchamos, René destacó’, dice Stan. “Hablaba un español muy bello. Culto. Lleno de colorido. Y se le podía entender claramente a cada sílaba aunque estuviese hablando a toda velocidad. Pensé, ‘¡éste es nuestro Vin Scully en español!’” “Conocí a René en persona cuando fui a Vero Beach; un ejecutivo nuestro, Dick Blue, tuvo una cita de negocios con René, quien estaba teniendo problemas con su estación de radio. “A la mañana siguiente fuimos a ver al gerente general de los Dodgers, Buzzie Bavasi. El mejor gerente en la historia de las Mayores. Le contamos lo que pasaba, tomó el teléfono... y dos minutos después estaba todo resuelto”. Las narraciones tuvieron éxito desde el primer día. Los “ratings” subían tanto en inglés como en español. Stan tuvo ocasión de ver la popularidad de las transmisiones en español en persona. “Buzzie enviaba a jugadores de los Dodgers a eventos especiales, tales como aperturas de súpermercados”, rememora Stan. “Allí estaba yo un día cuando llegó René. ¡Casi me aplasta la gente, tratando de acercársele! ¡Si hubiera lanzado su candidatura, lo hubieran elegido alcalde!” Eventualmente Cárdenas tuvo que dejar a los Dodgers y se marchó a Houston, donde “El Juez” Roy Hofheinz no solamente lo contrató como narrador en español sino que además lo nombró Director Jefe de la División de los Astros para Latinoamérica. En ese puesto René fue pieza clave en el esfuerzo para que los votantes aprobaran (por un uno por ciento) la construcción del Astródomo; traer a este país a uno de los mejores narradores en cualquier idioma de la historia, Orlando Sánchez Diago, y crear la primera cadena de radio en español para transmitir en vivo juegos de las Grandes Ligas fuera de Estados Unidos, en Centroamérica y el Caribe. Cuando se fue, los Dodgers le pidieron nombrar su sucesor. Cárdenas escogió a José “El Fat” García, quien también tuvo éxito. Poco después, los Gigantes de San Francisco y los Padres de San Diego imitaron a los Dodgers. Las transmisiones en español de los Dodgers abrieron el camino, y los patrocinadores lo han seguido, porque a como dice Stan, “todos salimos ganando. Los equipos venden más boletos y los patrocinadores más productos. O sea, un negocio redondo”. Sin duda. Y gracias a Walter O’Malley, René Cárdenas y Buck Canel los niños que crecieron escuchando la Serie Mundial en español en su país ahora pueden oir en Estados Unidos a su equipo favorito de las Mayores en el idioma de su juventud.
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