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Kendry, icono de los cubanos Fernando Rodríguez
La historia de su carrera es bien interesante. En el 2001 fue seleccionado el mejor jugador juvenil del mundo por la IBAF, en virtud de su destacada actuación en el Panamericano de la categoría celebrado en Camagüey donde fue seleccionado el más valioso, también había participado en el Mundial celebrado en Edmonton en el 2000, entre otros eventos de categorías menores. Se desempeñaba en los jardines de los extremos, primera base, la antesala y como destacado lanzador derecho, aunque a medida que fue transcurriendo su primera Serie Nacional se perfiló más como jardinero derecho y primera base, su actual posición. Debutó en la Nacional 2001-2002 con el número 8 de Industriales siendo el Novato más destacado de la serie. Nunca antes desde el debut de Pedro José Rodríguez en 1974 un bateador novato había impresionado tanto, pues su hijo de igual nombre solo se destaco en el capítulo de los jonrones en su debut en el 2001. Tampoco un pelotero había causado tanta sensación desde el surgimiento al estrellato de Omar Linares en 1985 con 17, aunque ya en su tercera temporada. Kendry ha sido el mejor novato de todas las Series Nacionales por implantar marcas para noveles en anotadas, hits, jonrones, impulsadas, extrabases, total de bases recorridas, bateo de poder, partidos y entradas jugadas. Grandes peloteros y bateadores como Agustín Marquetti, Armando Capiró, Antonio Muñoz, Pedro Medina, Fernando Sánchez, Luis Giraldo Casanova, Lourdes Gourriel Víctor Mesa, Antonio Pacheco y Orestes Kindelán no han tenido tan gran comienzo como Kendry. Los más destacados de la actualidad como Frederich Cepeda, Yuliesky Gourriel, Alfredo Despaigne y José Dariel Abreu tampoco impactaron tanto en su primer año. La actuación de Kendry en su primer año en la pelota de mayores lo catapultó al equipo Cuba donde fue su cuarto bate en la Copa Intercontinental del 2002 y el Mundial del 2003, ambos celebrados en La Habana. En el 2002 fue elegido entre los atletas más destacados de Cuba en ese año. Fue suspendido durante el receso de fin del año 2003 al terminar la primera vuelta de la Nacional 2003-2004 (era líder en sencillos, dobles y veces que impulsaba la ventaja), por intención de abandonar el país. También había sido detenido en intento de desertar en Panamá durante el Preolímpico celebrado en noviembre del 2003 y por las mismas sospechas no había sido incluido en el equipo que estuvo en el mes de agosto en los Panamericanos celebrados en República Dominicana. Logró irse del país en el 2004 por vía ilegal en su octavo intento y alcanzó su propósito de jugar como profesional en varios países y finalmente en Estados Unidos donde ha jugado en Grandes Ligas desde el 2006. Sin dudas Kendry es el mejor pelotero cubano en estos momentos y es que su carrera meteórica así lo demuestra, así como sus resultados actuales en el más exigente beisbol del mundo. Su inserción en Grandes Ligas no ha estado exenta de dificultades, del proceso difícil de adaptación a diferentes costumbres y otro nivel de beisbol. Su mejor actuación ha sido en la temporada del 2009, su primera como regular con los Angelitos de Anaheim. Fue uno de los primeras bases y bateadores más destacados con excelente defensa, .306 de average, 43 dobles, 34 jonrones, 108 impulsadas y 569 de bateo de poder. Ese rendimiento ha sido el mejor de todos los bateadores de Series Nacionales que han participado en Grandes Ligas y ha sido la mejor de un pelotero formado en Cuba desde las grandes actuaciones registradas por Tony Oliva y Tany Pérez, pues otros grandes del madero como Rafael Palmeiro y José Canseco, aunque nacidos en la mayor de las Antillas, se hicieron peloteros en Estados Unidos. Sin ánimos chovinistas Kendry llegó para quedarse en Grandes Ligas y actualmente clasifica como uno de los mejores integralmente de su posición y más destacados bateadores de poder en las grandes ligas. El pasado 29 de mayo sufrió una dolorosa y absurda lesión que lo ha sacado de una temporada donde iba camino de poder conectar 35 jonrones e impulsar alrededor de 120 carreras. En ese justo momento, en que conectó un vuela cercas con las bases llenas que selló la victoria de su equipo de forma sensacional, tenía 11 cuadrangulares, 39 impulsadas y estaba entre los diez primeros en varios de los más importantes departamentos ofensivos. Será un gran ausente en el venidero Juego de Las Estrellas. De este mal momento podrá salir, demostrar una vez más su clase y cuando le llegue la hora del adiós del beisbol poder exhibir números émulos de los mejores bateadores cubanos y otros hispanohablantes en la historia de las Grandes Ligas. Eso esperamos del gran icono de los cubanos. Adiós a Ken Griffey Jr. Fernando Rodríguez
George Kenneth “Ken” Griffey es natural de Donova, Pesilvania, al igual que el no menos estelar Stan Musial. El junior de Ken Griffey senior puede ser enmarcado en las siguientes categorías sin temor alguno: uno de los mejores bateadores zurdos, jugadores defensivos, peloteros negros, bateadores de poder, jardinero central, bateadores y peloteros en general de la historia del beisbol mundial. Su retiro se produce en un momento oportuno, pues ya desde 2008 no era ni la sombra de su estrellato, esa que se había ido apagando poco a poco y sin casi darnos cuenta por culpa de lesiones. Justo cuando pasó a jugar con los Rojos de Cincinnati con el número 30 que en ese equipo usara su padre.En esa ciudad creció y vivió buena parte de su vida.
Par de temporadas atrás -aunque ya desde 2003 se venían afectado bastante sus promedios y frecuencias varios departamentos de su carrera- llegué a pensar que todavía podía llegar a los 700 jonrones o al menos superar los 660 de su ídolo Willie Mays. A The Kid, como también se le inmortalizó, lo sitúo junto a los inmortales Babe Ruth, Hank Aaron, Willie Mays, Lou Gehrig, Mickey Mantle y Ted Williams, entre otros, aunque odio comparar épocas bien diferentes y parto del principio que nunca tiempo pasado es mejor. En ese grupo también pudiera a agregar a Barry Bonds, Marck McGwire, Rafael Palmeiro, Sammy Sosa y el aún activo Alex Rodríguez, pero estos han tenido la sombra sospechosa o comprobada del consumo de esteroides, al menos en parte de sus carreras. Ken Griffey pudo hacer lo mismo que ellos, pero prefirió el juego limpio y vinieron las lesiones a partir de los 31 años, ahora mismo con el paso que llevaba hubiera tenido 770 vuela cercas. Tal vez con el comienzo de las lesiones debió pasar a uno de los jardines de los extremos, la primera base o como bateador designado para así preservarlo y que lograra las grandes metas que podía alcanzar. Así a partir de los 30 sin comenzar a jugar en una posición más cómoda como Alex Rodríguez, sin ayudarse con sustancias prohibidas comenzó su declive no por calidad deportiva, a la misma edad que Bonds, Sosa y McGwire aumentaron sospechosamente su masa muscular y frecuencia jonronera a niveles increíbles. Sin embargo, aunque no se cuidó lo necesario a Griffey, este tuvo una progresión más lógica de su carrera, fue como los grandes anteriores a la era de esteroides y hormonas de crecimiento humano. Nunca tendrá un asterisco su actuación y es candidato seguro a integrar el Salón de La Fama en su primera elección. Estaba destinado a romper la marca histórica de Aaron, incluso también tenía matemáticas y reales posibilidades de ser el primero en dar más de 800 cuadrangulares en Grandes Ligas si jugaba 24 temporadas, previendo una merma lógica en el rendimiento de los últimos años de su carrera. Es ilustrativo que en sus últimas diez temporadas solo dio 210. Fue el que más joven dio 300, 350 y 400 bambinazos y entre los que más rápido, menos veces al bate y menos edad ha dado entre los 100 y 600. Esas lesiones no hubieran llegado si se hubiera dopado, pero hoy no estaríamos escribiendo así de él y es preferible hacerlo de esta forma que presentar esa mancha aunque mejores números históricos que los de por sí ya formidables que ostenta. También fue un beisbolista que jugó muy agresivo en la defensa del jardín central, con fantásticas y aparatosas atrapadas contra las cercas o encima de estas, de cordón de zapato, lateral o hacia atrás, pero provocadoras de fuertes y peligrosos golpes en su anatomía. En el aspecto estadístico fue líder en anotadas en 1997, en 1994 y durante tres temporadas consecutivas entre 1997 y 1999, impulsadas y bateo de poder en 1997, extra bases y boletos intencionales en 1993 y 1997, y total de bases en 1992 y 1997. En seis temporadas anotó más de 100 carreras (cinco consecutivas), en siete impulsó más de 100 carreras (cinco consecutivas), en nueve 30 jonrones y en siete 40 o más (cuatro consecutivas). Pelotero estético y con tremenda clase de la gorra a las zapatillas. Era un artista bateando y parecía que conectaba sin esfuerzo, lo que contrastaba con la fuerza y longitud de sus batazos. Dotado de un sistema de parase en el plato y de batear que lo hacía parecer un gimnasta o bailarín, pero ser uno de los de más fuerza en su época y en todos los tiempos. Su estilo realmente ha sido único y me atrevo afirmar que irrepetible. Bateador de tremendo poder, buen tacto, bateador de promedio, velocidad felina entre bases y en la defensa del jardín central, donde brilló desde 2003 con su seguridad y espectaculares jugadas defensivas. No por gusto ganó premios tan valiosos y disimiles como trece Juegos de Estrellas, diez guantes de oro sucesivos, siete bates de plata, JMV del Juego de Estrellas de 1992, ganador de los concursos de jonrones en 1994, 1998 y 1999, JMV en la temporada en 1997, mejor atleta masculino de Estados Unidos en 1998, elegido entre los peloteros más defensivos de la historia, mejor pelotero de la década del 90 en 1999 y premiado en el 2005 por el mejor regreso de esa temporada. Jugador insignia e icono con el número 24 de Los Marineros de Seattle, equipo que deja con varias marcas personales para ese club. Colectivo que en los 90 llegó a tenerlo a junto a Edgar Martínez, Alex Rodríguez, Randy Johnson y Tino Martínez. Pienso que de ese equipo nunca se debió ir o al menos nunca para Cincinnati, pues su partida coincidió con lesiones y situaciones psicológicas a raíz de una amenaza de muerte y el advenimiento de cierto delirio de persecución, con antecedentes de intento de suicidio en 1988. Debutó en Grandes Ligas siendo casi un imberbe de 19 años en 1989. En la temporada siguiente jugó con su también legendario y destacado padre, juntos lograron la hazaña de compartir los jardines y dar jonrón cada uno en un mismo juego y de forma consecutiva, en total coincidieron dos temporadas. Aquí se cumplió aquello de que “hijo de gato caza ratones”, pero incluso el heredero aventajó al progenitor. En el primer turno al bate en Seattle dio cuadrangular. Desde que empezó se vio a la estrella fulgurante que pronto fue. Si algo le faltó fue un anillo de Serie Mundial, pero eso no depende de la calidad individual de un pelotero, sino de la época y el equipo donde juegue, sobran los ejemplos de otros superestrellas con igual poca suerte. Durante años fue el mejor de todos los peloteros y también llegó a ser el más pagado y carismático. No lo pude ver en sus inicios porque fue de las grandes estrellas del beisbol norteamericanos que no jugó contra el equipo Cuba en los 80 por firmar en la primera vuelta del reclutamiento de 1987, bien rápido y joven, algo que si logramos con Barry Bonds, Marck McGwire y Frank Thomas, entre otros. Tampoco lo pudimos ver mucho ni seguir en parte de sus años mozos. A partir de 1994, a base de mil artilugios, actos mágicos y mucha suerte, pudimos seguir bastante su carrera y hazañas. Por suerte pude ver muchos de sus largos y muy elevados jonrones que parecían no caer nunca y cuando lo hacían era a grandes distancias. Hay que recordar que soy de un país donde el beisbol de Grandes Ligas hace más de 4 décadas se tiene prohibido, o no es permitido (que no es lo mismo pero que en el caso cubano es igual). Precisamente recuerdo como en 1994 fue la temporada de la última huelga de los peloteros de Grandes Ligas impuso marca de mayor cantidad de votos para un Juego de Estrellas. En ese momento llevaba un paso de 33 jonrones que lo podía llevar a ser el primero en romper la marca de 61 en poder de Roger Maris desde 1961, pero cayó en un temporal letargo jonronero. De ese mal momento salió con nuevos bríos, volviendo con una frecuencia de cuadrangulares impresionante hasta que se vio interrumpida la temporada por la huelga cuando llevaba un ritmo de 59 cuadrangulares de concluir la serie en los 162 partidos del calendario. No por gusto, a pesar de su juventud y pocas series, fue elegido dentro del equipo ideal del Siglo XX, y durante algún tiempo fue el único activo en un Todos Estrellas histórico de Grandes Ligas. En 1999 fue seleccionado entre los 100 mejores peloteros de la historia y de todos era el más joven. Recuerdo con agrado verlo jugar con mucho interés por su país y rendir muy bien (segundo en promedio con .524 y líder de su equipo en jonrones con 3 e impulsadas con 10) en el I Clásico Mundial en 2006, única vez que su figura se proyectó y comentó en la televisión y prensa cubanas. Aunque no es mi objetivo hacer mucha alusión a sus estadísticas, pues están en enciclopedias y otras fuentes y en su caso se convierten más en algo frías, no es ocioso apuntar que ostenta frecuencias de 101 anotadas, 111 impulsadas, 32 dobles, 38 jonrones y 72 extra bases por temporadas integras de 162 juegos. Tiene el record de disparar cuadrangulares en 44 estadios y comparte marcas como la de ocho juegos consecutivos bateando jonrón en 1993 o haber dado cuadrangulares en todos los estadios donde jugó. En el momento de su retiro es líder o está entre los cinco primeros en casi todos los departamentos ofensivos y algunos defensivos entre los peloteros activos. Ocupa lugares muy destacados entre todos los peloteros que han jugado en la liga mayor del beisbol mundial. En los libros de records, biografías en su honor, fotos y videos de sus batazos y jugadas, estarán registradas sus hazañas. Pero sus glorias y 630 cuadrangulares no caben en un libro ni en un estadio y solo me queda sentir pena por los que no lo vieron jugar. Rescate de jonrones más de 30 años después Fernando Rodríguez - ferna.rodriguez74@aol.com
Sexto episodio en su parte alta. Por los norteños lanza el zurdo Ken Dayley, joven promesa del montículo que después lanzaría en Grandes Ligas. El pitcher siniestro ha mantenido en un puno a la fuerte tanda criolla. Se acerca al plato el número 6, tercera base y cuarto bate de los cubanos: Pedro José Cheíto Rodríguez. El juego marcha 4 a 2 a favor de los norteamericanos. En el final del quinto capítulo el cuarto bate Joe Carter había conectado largo jonrón de tres carreras con el que exploto a Braudilio Vinent, principal carta de Cuba, quien fue sustituido por el también derecho Jesús Guerra. Todavía no se habían apagado los murmullos por el tremendo batazo de Carter. Algunos aficionados de los 55 mil que atestaban el Coloso del Cerro se mostraban apesadumbrados. El equipo del norte venia cuajado de figuras prometedoras como Terry Francona, Joe Carter, Ken Dayley, Brian Little, D’Onofrio, Pat Dobson, entre otros, algunos de los cuales llegarían a Grandes Ligas e incluso brillaron en el mejor beisbol del mundo. En el dogout criollo su mentor, Servio Tulio Borges, daba constantes pasitos y repetía nerviosas chupadas a un cigarro. Cheíto se le acercó y trato de calmarlo: “Tranquilo, que este juego lo decido yo, no se lo van a llevar”. Alberto Martínez, receptor cubano, le dijo a Cheíto: “Tú vas a pasar este juego inadvertido después de haber dado tantos jonrones”. “A ese se la pierdo yo”, obtuvo por respuesta. Al cerrar el quinto episodio Jesús Guerra llegó a la cueva y sintió que lo tocaron por la espalda -era Cheíto Rodríguez- y le dijo bajito: "si metes dos ceritos voy a revolver el estadio". Guerra cumplió su cometido hasta el sexto capítulo. Se para Pedro José en el rectángulo de bateo. El zurdo lo ha dominado fácilmente en dos elevados al jardín central y el short stop con lanzamientos por encima del brazo. Lanza recta baja, pegada y el fuerte sonido del impacto del aluminio con la pelota no impide ver como la esférica se mete en el hueco que existe en el graderío por el mismo centro del terreno a más de 400 pies y más de 50 mil gargantas estallan en un grito de emoción. El partido se pone 4 a 3. En el banco cubano mejora el ambiente y alguien le dice bajito al pinareño Jesús Guerra. "Guajiro, esfuérzate y mete par de ceros que en la próxima voy a tumbar el Latinoamericano”. Así habló algo petulante Cheíto quien cuando le toca a batear de nuevo a Cuba se dirige a los que le antecedían en e la alineación -Alfonso Urquiola, Pedro Jova, Rodolfo Puente y Luis Giraldo Casanova- : “Solo necesito que al menos uno de ustedes lleguen a primera que del resto me encargo yo”. Principio de la séptima entrada, el marcador se mantiene igual. Hay dos outs en la pizarra, pero Cuba tiene en segunda y primera a Jova y Casanova. Pedro José, dirigiéndose a Guerra, le silbó -tenía tres bates en las manos- soltó la derecha y se pasó el dedo índice por el cuello en una señal muy cubana (como que los iba a matar). Bobby Salamanca como en tantas otras ocasiones da unos toques a la mesa y anuncia: “Pase usted, Señor Jonrón”, pues Pedro José está en el plato con el bate tomado a todo lo largo, bien en alto, el codo derecho levantado, las piernas bien agachadas, abiertas y muy pegado al plato. El público le pide en un gran coro que de jonrón: “se va, se va, se vaaa…” El cienfueguero los complace de inmediato cuando enderezó una curva bajita con un batazo inmenso entre el jardín izquierdo-central que cae en la parte alta del graderío a más de 450 pies del plato y el estadio se vuelve un manicomio. Al salir al campo a cubrir el final de ese episodio Cheíto se le acercó a Guerra desde tercera base y le dijo: "remata guajiro que esto es tuyo". Al final Guerra siguió dominando la situación y Cuba ganó 6 a 4. Por cosas de la vida ¿o del beisbol? el último out fue batazo rodado a tercera. El 26 de octubre -aniversario 33 del otrora Gran Estadio del Cerro- se enfrentan de nuevo en el segundo juego entre sí norteamericanos y cubanos, este es el partido final del torneo. Ken Dayley vuelve a dominar a Cuba y logra una ventaja momentánea de 4 carreras a cero hasta el cuarto episodio. Pedro José volvió a ser su verdugo con doble y hit que impulsaron las carreras del empate y la ventaja. Cuba ganó a Cuba 7 a 4 con desquite para Vinent como relevo de Jesús Guerra. En esa IV Copa Intercontinental Cheíto fue el más valioso no solo por acaparar casi los lideratos individuales de anotadas, imparables, bateo de poder, jonrones y carreras impulsadas, estos tres departamentos con récords para el evento, así como sus tres jonrones en un partido contra Panamá. Perdió la posibilidad de ganar el título de bateo y por consiguiente la triple corona ofensiva en su última comparecencia. En octubre del 79 Cheíto no era un desconocido, ya había logrado algunos de sus hitos más importantes como su marca en jonrones para una Nacional en la IV Serie Selectiva en 1978, el último de ellos frente al estelar Oscar Romero fue el 100 de su corta carrera que sirvió para empatar en el lugar de honor a su equipo Las Villas con Pinar del Río, bateador que más rápido llegaba a dicha cifra en cuanto a veces al bate (1599), series jugadas (5) y edad (22 años). Días después decidió el enconado desempate y campeonato y campeonato con oportuno jonrón frente al astro Rogelio García –el mejor pitcher del momento- en el Latinoamericano por lo que fue elegido unánimemente como el jugador más valioso de la Serie. En 1978 impuso record para una temporada nacional de jonrones con 44 y carreras impulsadas con 112. En las competencias internacionales sumó otros 24 cuadrangulares para totalizar 68 vuela cercas, ambos récords vigentes para peloteros amateurs y cubanos en cualquier liga del mundo respectivamente. Ya en esa época era comparado con los mejores bateadores de poder del mundo, incluyendo los del beisbol de Grandes Ligas, pues llegó a ostentar la tercera mejor frecuencia histórica de jonrones por veces al bate y la mejor entre todos los peloteros activos del mundo. Otros hechos relevantes de su carrera habían sido sus 15 jonrones, 37 impulsadas y 23 anotadas en apenas diez partidos y 45 veces al bate durante los Juegos Centroamericanos y del Caribe celebrados en Medellín que le valieron ser designado el jugador más útil del evento. En dos partidos consecutivos de ese evento dio tres cuadrangulares en un juego, dos en una entrada y seis carreras impulsadas en el mismo episodio, todas marcas vigentes. En el Mundial celebrado en Italia en la segunda quincena de agosto y primera de septiembre de 1978 fue el héroe ofensivo en los difíciles partidos contra Japón y Estados Unidos, este último con largo cuadrangular contra el supersónico derecho Tim Leary que prácticamente le dio el título mundial a Cuba. En los VIII Juegos Deportivos Panamericanos celebrados en Puerto Rico en el verano del 79 fue el más valioso de la competencia de beisbol por titularse campeón de bateo, empatado con Armando Capiró, y líder en jonrones con 5, record para el evento, a pesar de no jugar en los dos primeros partidos del calendario de ocho juegos por tener una lesión en su cintura. Las ofertas millonarias para jugar en Estados Unidos le perseguían en cada salida al exterior. Durante la IV Copa busca talentos de los equipos de Grandes Ligas Yanquis de Nueva York y Cerveceros de Milwaukee lo contactaron y se rumora que le ofrecieron firmar cheque en blanco, con una cifra acorde y razonable a sus propósitos. Volvieron a ser rechazados y él fue elegido por segundo año consecutivo entre los diez atletas más destacados de Cuba y América Latina, el segundo con mayor cantidad de votos y primero de deportes colectivos. ¿Cuáles eran las características de Cheíto como pelotero? Fue un jugador de todos los días, con gran calidad sostenida año tras año, pero sobre todo de los juegos importantes, de mucha oportunidad, de la hora cero, un bateador de clotche, no por gusto decidió juegos y campeonatos. Adquirió fama por anunciar de forma previa varios de sus más largos y oportunos jonrones. Con excepción del Latinoamericano la sacó de aire en todos los estadios del país y era raro cuando no la sacaba por encima del techo del 5 de Septiembre en su natal Cienfuegos. Tal vez haya sido el bateador de más poder en la pelota cubana, pues con pelotas no muy vivas la puso dos veces en lo último del graderío del jardín izquierdo del Latino y le midieron tres batazos por encima de los 500 pies de distancias del plato en Santa Clara y Cienfuegos. El 52 por ciento de sus cuadrangulares en Series Nacionales fue frente a lanzadores miembros de la Preselección Nacional o ganadores de más de cien juegos en Series Nacionales, de igual forma el 59 por ciento de sus jonrones fueron con hombres en circulación, 14 de ellos con las bases llenas, líder histórico. De los diez primeros en jonrones en Series Nacionales es el de menos series y veces al bate. En el aspecto técnico logró un sistema de bateo muy peculiar y difícil: bien agachado, con las piernas abiertas, el bate levantado y agarrado a todo lo largo, al pararse a batear lo hacía bien encajado y pegado al cajón de bateo y con un swing rápido sin dar paso para batear, solo coordinando muy bien la rotación de piernas, cadera y muñecas. Bateador de cualquier tipo de lanzamiento, pero en especial de las bolas pegadas y en zona baja, fue el más grande golfeador del beisbol cubano, con un poder excepcional que le hacía sacar pelotas de los parques casi desde el suelo. Gracias a su auto preparación física personal y dominio de la técnica le permitieron desarrollar una mecánica y técnica de bateo perfecta para dar jonrones y poncharse poco, a pesar de ser un bateador de largo alcance natural. Por sus características como bateador y su coraje impulsó muchas carreras importantes o adelantaba a corredores hacia posiciones anotadoras, pues daba muchos batazos a los jardines, de ahí su cantidad de extra bases y elevados de sacrificio. Nunca discutió con árbitros ni con otros peloteros fuese cual fuese la causa de alguna diferencia, a pesar que muchos lanzadores le propinaban pelotazos, varios intencionales. Solo se concentraba en lo que mejor sabía hacer: dar jonrones, empujar carreras y ayudar a que su equipo venciera. Asombraba su buena velocidad a pesar de su corpulencia tanto a la defensa como en el corrido de las bases. También fue proverbial su esfuerzo por superarse, pues en sus comienzos no era destacado en la defensa de la tercera base, aunque sí el más corajudo, pues paraba muchos batazos fuertes con su fornida anatomía, se las agenciaba para que le quedara cerca la pelota y sacaba out en primera gracias a su poderoso brazo. Sin embargo se convirtió en poco tiempo en el más destacado a la defensa de la antesala. En su última serie hasta 1985 solo cometió dos errores en más de cien lances. En julio de 1985 se mantenía en gran forma deportiva, su carrera aun estaba ascendente, pues era el cuarto bate del equipo Cuba desde 1978. Con apenas 12 temporadas jugadas y 29 años de edad amenazaba con romper en breve varias de las más importantes marcas históricas del beisbol cubano. Baste señalar que en jonrones escoltaba a su compañero Antonio Muñoz a solo 15 jonrones de este, pero con seis series y años menos. Poseía las mejores frecuencias de jonrones y carreras impulsadas por veces al bate y series, a pesar de que en sus cuatro primeras temporadas jugó con pelotas poco vivas, bate de madera y frente a un mejor pitcheo nacional. Ya en ese momento se jugaban temporadas largas con el temible bate de aluminio instaurado desde 1977, pero mejorados en 1984, al año siguiente de su suspensión se implantó una bola más viva y el montículo cubano estaba en crisis, por eso muchos especialistas y aficionados pensamos que pudo ser el primero en romper las barreras de los 500 jonrones y 1600 impulsadas. Con el bate de aluminio, en ocho temporadas, ostentaba una frecuencia de 29,1 jonrones por temporada y un cuadrangular conectado cada 12,69 veces al bate; así como 749 carreras impulsadas para una impulsada cada 3,95 comparecencias oficiales al cajón de bateo, promediando 94 empujadas por temporada. Además, compilaba un average cercano a los 300 (295) y un bateo largo de 584. Si le sumamos la serie de desempate del 78 la frecuencia de jonrones de Pedro José por veces al bate con aluminio era de 12,61. La otra mejor frecuencia con ese implemento fue de Romelio Martínez con 12,73. Con el bate de madera utilizado hasta 1977 fue también fue el de mejor frecuencia de cuadrangulares por veces al bate con 23,53. Sin embargo, sus metas no pudieron ser cumplidas por ser objeto de una inmerecida sanción por tiempo indefinido. La indisciplina cometida consistió en recibir 92 dólares de regalo del tercera base de Venezuela durante la III Copa “José Antonio Huelga”. Los peloteros criollos solo recibían 30 dólares de dieta para sus salidas al exterior y no podían tener más divisas de las que les entregaba el INDER, la misma estaba penalizada en el país. Ese dinero lo compartió con su compañero de equipo Alberto Martínez, se lo detectan a este y ambos son separados del equipo Cuba y suspendidos del beisbol nacional por tiempo indefinido. Alberto cumplió cinco meses de sanción; Cheíto tres años con tres meses, periodo durante el cual le fue prohibido jugar y entrenar en ninguna categoría. Su regreso fue pálido y estuvo asediado por lesiones que lo condujeron al retiro oficial el 22 de marzo de 1992 después de jugar tres series donde solo dio 10 cuadrangulares. Así decía adiós el más grande bateador de poder de la pelota jugada en Cuba después de 1959, si con la disculpa de los Orestes Kindelán, Muñoz, Romelio Martínez y Lázaro Junco. Fuerzas ajenas al deporte, pero oscuras y no menos poderosas privaron a Cheíto y a nosotros de ver muchos más de sus cósmicos batazos. Así le pagaron las glorias que le había dado a su patria y su negativa a jugar en el beisbol profesional. Todavía no se le menciona lo suficiente, ni a él ni a sus hazañas. Tampoco se pueden ver en televisión sus más importantes y largos jonrones en documentales o imágenes de archivo. Algún día se verán y saldrá toda la luz de su problema y será reivindicado oficialmente. Ya se está viendo y siempre ha sido reivindicado por los seguidores del pasatiempo nacional de Cuba, a fin de cuentas nunca ha dejado de ser El Señor Jonrón. (Inspirado en fragmentos del libro “Pase Usted, Señor Jonrón” del propio autor)
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