Página de Edgard Rodríguez

 “Batallo por no dejarme morir”, dijo el cubano Argelio Córdoba

Por Edgard Rodríguez C.
Columnista de La Prensa de Nicaragua.

Edgard Rodríguez - Columnista del diario La Prensa de Nicaragua.Nacido  en la provincia habanera de Batabanó, Argelio Córdoba arribó a Nicaragua en 1956, cuando Managua aún tenía calles polvorientas y la carretera a Masaya estaba en construcción. Argelio, miembro del ejército cubano, fue enviado a la "misión" de jugar beisbol con el equipo Cinco Estrellas de la naciente Liga Profesional.

Tras un breve retorno a Cuba, Córdoba regresó a Nicaragua y justo aquí lo agarró el triunfo de la revolución cubana, por lo que debió quedarse, donde fue acogido como uno de los suyos y formó su familia. Se movió junto a El Salvador en 1978. Sus hijos decidieron no regresar en 1984 y ahí se desintegró su familia.

La victoria ante Cuba en 1972, que cumplió 40 años el pasado 3 de diciembre 2012, tiene un significado especial para “El Brujo”. El juego se estaba escuchando en una de las galeras de las cárceles cubanas y de recado en recado, un hermano suyo que estaba recluido ahí por haber sido mecánica de aviación, supo que Argelio estaba vivo. Veinte años después, se reencontraron en Miami, Estados Unidos.

El hombre que abre la puerta de la lúgubre habitación en que reside, me es desconocido. No, no es que esperaba encontrarme con el Argelio Córdoba ocurrente de siempre, el de las frases explosivas que inspiraban portadas en los diarios e invadían la televisión, pero no imaginé tropezarme con esta expresión de tristeza profunda y sentido de pérdida.

Argelio Córdoba - ex manejador de equipos de beisbol en Nicaragua.Argelio Córdoba, el otrora pimientoso timonel cubano, lucha por la vida en medio de una precaria situación que vive en Chinandega. LA PRENSA/GERMÁN MIRANDA

A los 78 años, quizá no se espera que alguien todavía saque agua de una piedra, pero el gesto dramático y el rictus sufriente que ahora presenta el otrora chispeante timonel, te invita a pensar en lo peor. Y aunque conozco sus dotes de teatralidad, sé que sus gestos son sinceros y que libra una batalla por sobrevivir que se le ha tornado cuesta arriba.

Está tan próximo a mí que estrechó su mano y recibo su abrazo, pero a la vez, lo siento tan distante que le digo mi nombre porque temo que no me reconoce. “¿Así que eres el negrito, pues? ¡No me digas! Cocho chico, ¿qué te pasa?”, riposta en tono de broma. Entonces sé que estoy hablando con Argelio Córdoba, solo que en su versión más disminuida.

Nacido en Cuba el 17 de octubre de 1934, Córdoba fue un destacado pelotero durante la primera etapa de la Liga Profesional de Beisbol en Nicaragua. Luego se hizo manejador y dirigió a la Selección de 1972, sino la mejor, al menos la más venerada de la historia y en gran parte por aquel triunfo 2-0 sobre Cuba, logrado hace 40 años en el Mundial nica.

EL DIÁLOGO CON LA PRENSA

Me alegra mucho verte, ¿cómo estás?

Tú sabes cómo es esto. Uno batalla y batalla, y la vida te lleva hasta donde ella quiere. Estoy complacido de verte y de que me entrevistes, porque eso significa que todavía se acuerdan de mí. Significa que aún estoy vivo. Que aún respiro. Estoy luchando por no dejarme morir.

¿Pero ha sido una batalla difícil?

¿Difícil? durísima chico. Más dura que el acero. Olvídate.

¿Por qué Argelio?

Bueno, porque sin trabajo, ya tú sabes las dificultades que se pasan. Ahora me dieron una buena noticia porque me van a pagar la casa que alquilo, que es algo que me estaba ahogando. Julio Velásquez (ex alcalde de Chinandega) me había conseguido una pensión de mil córdobas, pero eso no me dada ni para pagar la casa, ahora ya me voy a quitar esa presión de encima.

¿Pensás que no se te ha pagado bien tu aporte al beisbol?

De eso no quisiera hablar, porque no quiero criticar a nadie, pero sinceramente he recibido muy poco. Yo esperaba una vejez diferente, un poco más digna. En una comodidad que no la tengo, pero qué se va a hacer. Sabes que es lo peor, que tú creas que aún puedes ayudar, pero la gente crea que no te necesita, que ya lo saben todo.

¿Y si ves hacia atrás, ¿te ha gustado lo que has vivido?

Si muero y vuelvo a nacer, volvería a ser pelotero. Qué vida más bonita la del atleta. Yo conozco cuatro continentes —solo me faltó el África— y con mi dinero no habría hecho eso. Así que al beisbol le agradezco todo lo que me dio. Y al país en general, que me acogió como suyo y me dio cobijo y pan.

¿Y por qué estás solo?

Cuando me fui a El Salvador en 1978, mis hijos decidieron quedarse allá y yo me vine en 1984. Nos hemos distanciado. Tengo uno que vive en Oakland que vive pendiente de mí, pero él tiene sus obligaciones y eso yo lo entiendo perfectamente.

LA VICTORIA SOBRE CUBA

El beisbol te dio una victoria ante Cuba en el Mundial de 1972

Claro, y ese es uno de los detalles especiales en mi carrera, porque ese triunfo se logró gracias a la moral de todo un equipo, y la moral no se vende en la farmacia. Le ganamos a mi país, o al país donde yo nací, y esa es una de las cosas más lindas que me pasaron.

¿A menudo recordás ese juego?

Todo el tiempo. Imagínate, ese 2-0 no se olvida fácilmente. Recuerdo lo bien que lució la Selección. La confianza que tenían todos los muchachos en ellos mismos, incluso los que estaban en la banca, daban su aporte también con sus palabras. Fue extraordinario. Todavía hoy en día los felicito cuando los veo. Hicieron un gran trabajo.

¿Es verdad que ese equipo era como una familia?

Es verdad. Eran una familia. Ahí no había ladrones, porque tú sabes, siempre se pierde que una media o una gorra, pero en aquel momento, había armonía. Y eso se logró al hablar con los peloteros y hacerles ver el compromiso que teníamos. Ahí no se mencionaban a las mamás, porque las mamás no jugaron beisbol. Hoy en día es diferente.

¿Te esperaba una dama tras el juego?

Tú siempre con esas preguntas incómodas, chico. Eso no te lo voy a contestar, pero la verdad, fue una genialidad decirle eso a Julio Juárez que estaba lanzando un gran partido y Cuba nos estaba presionando con dos hombres en base. La gente pensó que iba a sacarlo, pero no. Juárez sabía cómo lanzarle a cada bateador, así que fui a darle un relax.

¿Cuál fue tu primera reacción al ganar el juego?

Traté de moverme hacia el montículo donde estaban Juárez y compañía saltando y ya la gente comenzaba a lanzarse al terreno, pero el tubo que estaba en la cueva me detuvo, y cuando veo hacia atrás, miro la cara de Calixto Vargas llorando, y ahí sí me asusté, porque tú sabes, Calixto es feo, pero llorando parecía mono, pero era una felicidad total.

 “Yo sentí al país en mis espaldas” dijo el nica Juárez al vencer a Cuba hace 40 años

 •Cuarenta años después, Juárez pasa revista a la heroica jornada

 *Julio Juárez, gloria del deporte nacional, celebra hoy junto a los fanáticos del beisbol su histórico triunfo ante Cuba, logrado hace 40 años.
 
Por Edgard Rodríguez C.
Columnista de La Prensa de Nicaragua

 
Edgard Rodríguez - Columnista del diario La Prensa de Nicaragua.Toda crónica histórica sobre el beisbol nicaragüense, con más o menos pompa, necesariamente hace referencia a lo acontecido hace exactamente cuarenta años un día como hoy.
 
Un 3 de diciembre de 1972, Nicaragua conquistó su más venerada victoria 2-0 ante el entonces todopoderoso equipo de Cuba y ahí quedó marcado el punto de inflexión en la pelota nacional, el que incluso, hoy día, se celebra con el mismo ardor y entusiasmo, con que lo hicieron, más de veinte mil fanáticos aquella noche en el Estadio Nacional, en Managua.
 
 Y es imposible hacer alusión a aquella histórica gesta, sin mencionar a Julio Juárez, el lanzador derecho que extrajo lo más preciado de su repertorio, pero sobre todo de su corazón valiente, que lo puso al servicio del espectáculo, mientras penetraba en lo más profundo del sentimiento popular, con la más extraordinaria faena de su carrera.
 
DETALLES

Julio César Juárez Solís vive en el barrio Guadalupe, en León, justo donde nació hace 67 años y constituye uno de los principales orgullos de todo el país.

Su infancia fue muy dura y desde muy temprano se dedicó al trabajo duro. Cortar algodón fue su primera labor y, el beisbol, su pasión infantil ante la falta de juguetes.

A Minervino Rojas lanzador cubano que trabajó para los Leones aquí y para los Angelitos de California en las Grandes Ligas se le copió hasta los movimientos.

“Fíjate que a Minervino le costaba ser dominante al inicio de los juegos, pues a mí también y como a él le pasaba eso, me parecía que eso era normal”, dice Julio.

Aunque Juárez suele esquivar las preguntas sobre su nivel escolar, es muy evidente que se ha cultivado de manera autodidacta y siempre es placer oírlo.

Ahora Juárez tiene 67 años y unas libras de más. Su cabello dejó de ser negro hace buen tiempo y el beisbol ya no está entre sus actividades principales. Sin embargo, su vitalidad sigue al máximo. Gesticula en todo instante y su facilidad de palabras te lleva al punto exacto donde ocurrieron los hechos, sin importar que haya pasado tanto tiempo.
 
 EL DIÁLOGO CON LA PRENSA
 
¿Qué tan a menudo recordás la victoria ante Cuba?
 
Todos los días. Y si no me acuerdo yo, la gente me lo recuerda en la calle cuando voy caminando. Muchas veces me dicen, ‘ahí va Julio Juárez, el verdugo de Cuba’ o el ‘monstruo que amarró a los cubanos’ o ‘la gloria nacional’. Así que no hay modo de evitar el recuerdo, además, a mí me gusta que la gente haya atesorado profundo en su corazón esa victoria.
 
¿Y ese reconocimiento es justo o sobredimensionado?
 
Quienes lo recuerdan espontáneamente son los aficionados. A nadie se le ha impuesto eso. Sin embargo, haber vencido a un equipo tan fuerte como Cuba y ante la mirada de tantos nicaragüenses es algo que no se puede borrar de la memoria tan fácilmente. Creo que se ve en la dimensión correcta, porque la gente se sintió bien representada ahí.
 
¿Qué recordás de forma especial de ese partido?
 
El momento en el cual se anuncia en los parlantes del estadio, la alineación del equipo de Nicaragua y cuando se dice, 'abridor por Nicaragua, Julio Juárez’, sentí en mis espaldas, todo el peso del país. Sentí que mi responsabilidad era grande. Ahí había tanta gente en ese estadio y fallarles, habría sido terrible. Debo admitir que sentí temor, pero sinceramente no me acobardé.
 
¿Y qué te permitió salir a flote?
 
El compromiso que teníamos, no solo yo, sino todo el equipo con los fanáticos. Eso nos unió como una familia y nos hizo halar a todos en la misma dirección. Además que a mí si no me hacían nada al principio, ya no me harían nada y las eché todas en ese inicio, a pesar que me conectaron dos imparables, pero no me anotaron. Aquí voy de viaje, me dije. Y así sucedió, gracias a Dios.
 
 LA CELEBRACIÓN DEL ÉXITO
 
¿Y el momento de mayor angustia?
 
El noveno episodio por supuesto, cuando se nos embasaron dos cubanos y había solo un out. Ahí fue cuando entró el manejador Argelio Córdoba y me dijo las palabras mágicas. ‘Oye guajiro, la gente cree que vengo a sacarte, pero no; vengo a decirte que te apures, que hay jeba (hembra) que me está esperando y tú me estás atrasando’. Yo sentí que me dieron una Supertiamina 500 y ahí mismo se acabaron los cubanos. Esa es la pura verdad.
 
¿Y cómo fue la celebración?
 
Fíjate que aún puedo oír la algarabía de la gente. Después del último out que lo hace César Jarquín, todos nos agrupamos en torno al montículo y empezamos a celebrar, pero la gente se metió al terreno y celebró con nosotros. Yo no me di cuenta, pero cuando me percaté, me levantaron y me anduvieron como en procesión. Fue una cosa increíble.
 
 
¿Qué vino después de eso?
 
Como era la conclusión del Mundial, pues cada quien se fue a su casa y celebró a su modo. Pero fijate que en aquel momento, yo como que no tenía una idea clara de lo que habíamos logrado, y es a los cinco días, cuando me estoy tomando unos traguitos con unos amigos en León y escucho una grabación del juego, me entró una lloradera y entendí lo que habíamos hecho.
 
¿También se reunieron con Somoza?
 
Así es. Recuerdo que nos felicitó y a cada uno nos entregó un sobre con 500 córdobas, que en aquel momento, era una cifra significativa. Pero Somoza no nos dijo mayor cosa. Se fotografió con nosotros, nos dijo unas palabras, hizo unas promesas que no se cumplieron y se acabó. Y es que la verdad, uno no va a la Selección Nacional por el presidente de turno, sino por el aficionado a quien representa.
 
 UN EQUIPO, UNA FAMILIA
 
¿Ese equipo de 1972 ha sido el mejor?
 
No lo sé, pero lo que sí te puedo decir, es que ese equipo, hizo en su momento, lo que le correspondía hacer. Lo demás, es una cuestión de cada quien hacer su valoración. Pero al menos en mi caso, me dio un profundo orgullo ser parte de él. Ese equipo fue muy unido, fuimos una familia.
 
¿Todos se llevaban bien?
 
Todos. Y fíjate que cuando se habla sobre si había gente complicada en ese equipo, hay muchos que señalan a mi amigo Calixto Vargas, y eso no ha sido justo. Calixto era la voz de quienes no hablaban. Sus reclamos eran correctos. Yo te diría, si las cosas no fueran así. Pero Calixto siempre ha tenido agallas para decir lo que piensa.
 
¿Qué significó vencer a Cuba?
 
Me cambió mi vida. No porque haya conseguido cosas materiales, sino porque a mi modo de entender las cosas, me dio un lugar en la sociedad. Yo puedo percibir la admiración y el respeto con que muchos aficionados y persona en general me ven, y eso no se compra.
 
¿Es lo mejor que te ha pasado?
 
No necesariamente. Es lo más grande como un regalo que le pudimos dar a la afición. Eso fue algo tremendo. La gente esperaba un triunfo y se lo dimos, pero en lo personal fue propiamente así.
 
¿Y que es entonces lo mejor?
 
El no hit no run que le lancé a los Dantos en 1981 luego de salir de la prisión. Tuve 22 meses preso de manera injusta y en aquel momento, sentí mucho rencor hacia el Ejército y le pedí la bola a Noel Aréas para desquitarme contra ellos y lo hice.
 
 ¿Ahora no hay resentimiento?
 
Nada de eso, mi hermano. Solo gratitud a todo el pueblo de Nicaragua y al Gobierno que me ha tratado con respeto y dignidad. La verdad, me siento muy apreciado.
 
 Mientras Juárez se despide, desde una caponera, un pasajero le grita: “Oye Julio Juárez”. Saludos amigo, responde Julio. “Ese es el que pijió a los cubanos”, se escucha desde otro vehículo.

Nota: Artículo tomado del diario La Prensa