¿Hasta dónde hubiera llegado Clemente?

Una brillantez cegadora

Edgar Tijerino M.
dplay@ibw.com.ni

Edgard TijerinoA un lado de ese ser humano de bondad infinita y extraordinaria capacidad de sacrificio pensando en los otros, y sobre todo en nosotros, ¿qué tan grande fue verdaderamente Roberto Clemente como pelotero? Las nuevas generaciones, entienden fácilmente lo primero, porque salta a la vista, pero necesitan explicación sobre lo otro, menos trascendente, pero más complejo.

Es entonces que uno dice: ¡Cómo grafican las cifras la grandeza de un pelotero! Así que, sólo con ellas resulta fácil comprobar la otra brillantez cegadora alcanzada por Roberto Clemente, impresionando con sus ejecutorias a lo largo de 18 años.

Con 3,000 imparables en 9,454 turnos, el fiero boricua bateó de por vida .317 puntos, un promedio de lujo; obtuvo cuatro coronas de bateo, y arañó otra en 1969; Mas Valioso en la temporada de 1966 superando a Sandy Koufax; ganador de 12 guantes de oro provocando deslumbramiento en el rincón del jardín derecho; 14 juegos consecutivos bateando de hit en Series Mundiales; Más Valioso en la Serie Mundial de 1971; seleccionado 12 veces para los Juegos de Estrellas; capaz de dibujar rayos desde el bosque que custodiaba hacia las bases cortando las alas del atrevimiento a los corredores, y de fabricar truenos en los momentos oportunos desde el cajón de bateo, Roberto Clemente lució en todo instante como una estatua de sí mismo.

LAS CUATRO CORONAS

Clemente pudo ser el primer latino ganador de un cetro de bateo en 1961, a los 26 años, con unos Piratas que terminaron en sexto lugar a 18 juegos de los Rojos, mientras Roger Maris y Mickey Mantle se robaban el espectáculo batallando por el título jonronero. Su promedio de .351 puntos consecuencia de 201 imparables en 572 turnos, le permitió superar claramente al rojo Vada Pinson que registró 343, y Ken Boyer de San Luís con .329, sellando el primero de sus cuatro títulos, pero antes, en la temporada de 1954, el mexicano de los Indios de Cleveland, Beto Ávila, con .341 puntos, aprovechando que Ted Williams de las Medias Rojas de Boston, con .345 de promedio, no era elegible al no poder alcanzar el número de 502 apariciones legales frente al plato, limitado a 386, lo había logrado. Cuando más adelante se modificó la regla, agregando las bases por bolas recibidas como apariciones, las 136 que le otorgaron a Williams en aquel 1954, estaban tan sepultadas como los 12 Césares.

En 1963, Clemente se mantuvo presionando, y terminó detrás de Tommy Davis de los Dodgers, abrillantado por sus .326 puntos. El boricua registró .320, superando por una nariz al tercero, Hank Aaron. En 1964, Roberto volvió a la carga y con .339 puntos, dejó atrás al dominicano Rico Carty reducido a .330, y Aaron .328, para conquistar su segunda corona. Al año siguiente, 1965, perdió 10 puntos, pero su promedio de .329, fue inalcanzable tanto para  Aaron (.318) como para Willie Mays (.317), y capturó su tercera corona, seguramente sintiéndose un poco como Alejandro, invencible.

Su deslizamiento a .317 puntos en 1966, lo dejó fuera de combate frente a su compañero dominicano Matty Alou, ganador del título con .342, el hermano de éste, Felipe Alou de Atlanta que fue tercero con .327, y otro dominicano, Rico Carty también de Atlanta con .326. Roberto, que compartió el quinto puesto con Dick Allen de los Filis, no dio la menor importancia a esto, en vista del impacto que provocó al arrebatarle el reconocimiento como Mas Valioso de la Liga al ganador de la triple corona en pitcheo, el “Monstruo” Sandy Koufax de los campeones Dodgers, después de 202 indiscutibles, 29 jonrones y 119 carreras empujadas.

Saltando bruscamente a .357 puntos, su mejor promedio, Clemente conquistó en 1967 su cuarto y último cetro de bateo, dejando bien atrás a Tony González de los Filis con .339, y desplazando al tercer sitio a su compañero Matty Alou, con .338 de promedio.

El fenomenal boricua buscó su quinto título de bateo en la década de los sesenta, retando a Pete Rose de los Rojos en 1969. Fue una brava pelea que se decidió el último día de la temporada en el último turno al bate de ambos en escenarios diferentes. Rose había fallado tres veces frente al pitcheo de los Bravos, en tanto Clemente había disparado tres imparables consecutivos contra los Expos. La diferencia a favor de Rose, era de sólo un punto y los dos juegos se encontraban en el octavo episodio, a la misma hora. Agatha Christie, a bordo del Expreso de Oriente, estaba pendiente, comiéndose las uñas.

Los dos batearon hacia tercera base. Clemente en Montreal con hombres en las esquinas y un out, y Rose en Atlanta con corredores en primera y segunda, también con un out. Roberto fue víctima de un tiro preciso, que no impidió su carrera empujada 91, pero lo redujo a .345 puntos, mientras Rose fue más rápido que el disparo de Clete Boyer, llegó safe, las bases se llenaron, y subió a 348, con el título de bateo en el bolsillo.

LA PELEA CON KOUFAX

Fue Jimmy Cannon, aquel famoso cronista de Nueva York, que escribió una llamativa carta abierta a Roberto Clemente con el título : ¿Por qué te quejas tanto Roberto si todos sabemos que eres grande? Cannon se refería a la hostilidad del astro boricua cuando abordaba el tratamiento que recibía de la prensa. Clemente, siempre se consideró marginado, más por ser latino, que por jugar para un equipo habitualmente oculto de la promoción como lo ha sido el de Pittsburgh.

Pero...¿Qué hay del título Más Valioso de 1966 en la Liga Nacional?. En una valoración tan difícil que su resultado todavía es discutible, Clemente sacó del bolsillo del zurdo Sandy Koufax, el botín más preciado entre los reconocimientos que se otorgan en el beisbol. Por 218 puntos a 208, Clemente prevaleció sobre Koufax.

¿Fue ciertamente Clemente el Más Valioso en 1966? Regresemos a la vieja y apasionante discusión: Campeón bate en los años 61, 64 y 65, el súper-pelotero boricua no pudo capturar ese cetro en esa temporada del 66. Claro, no es necesario ser el dueño del más alto promedio para ser Más Valioso, pero con .317 puntos, 119 carreras empujadas, 29 jonrones y 202 imparables, sin poder asegurar ningún liderato ofensivo en vista que Matty Alou fue campeón de bateo, con Aaron dominando en jonrones y carreras empujadas, y con los Piratas eliminados, las cifras de Clemente no parecían ser los suficientemente fulgurantes para saltar encima de la impresionante Triple Corona de Koufax, cuyo esfuerzo fue el gran soporte para impulsar a los Dodgers a la Serie Mundial.

Ese año, Koufax logró 27 victorias, registró una efectividad de 1.73 en el kilométrico recorrido de 323 entradas, ponchó a 317 y fue el abridor en 41 juegos completando 27. Sólo perdió 9 veces. Koufax se aproximó a un gran promedio: garantizar una de cada tres victorias de los Dodgers para neutralizar el ímpetu de los Gigantes de San Francisco, rezagados sólo por juego y medio.

¿Cómo fue la votación?. Koufax obtuvo 9 votos de primer lugar por 8 de Clemente, pero en la sumatoria de puntos, los 218 de Roberto superaron los 208 del increíble zurdo. Obviamente la grandeza de Clemente está por encima de la discusión del 66, y Cannon tenía razón al decir que no se le robaron méritos, aunque por supuesto, las comparaciones constantes con peloteros como Willie Mays y Mickey Mantle, metían a los cronistas en un campo minado.

SU MAYOR IMPACTO

Clemente bateó de hit en cada uno de los juegos de la Serie Mundial de 1960 frente a los Yanquis, pero el jonrón de Bill Mazerowski y los pitcheos ganadores de Vernon Law y Harvey Haddix, lo apartaron de los reflectores, sin embargo, en 1971, frente a los Orioles, el boricua impactó a todos con una actuación electrizante, inolvidable.
         
El Clemente que dominó esa Serie Mundial, destruyendo a los Orioles de Baltimore disparando imparables en los siete juegos, alcanzando un promedio de .414, con 12 cohetes incluyendo dos dobles, dos jonrones y un triple, fue una continuación del Clemente que estuvo en acción durante 132 partidos  en la Liga Nacional esa temporada.

El hombre que hizo esos increíbles tiros desde el jardín derecho siempre hacía tiros increíbles; el hombre que bateó esas líneas salvajes siempre bateaba líneas salvajes; el hombre que corrió sobre cada pelota, incluso roletazos rutinarios, siempre corría tras cada pelota.

"Nunca he visto a un pelotero dar más de sí mismo día tras día", dijo el Gerente General de los Piratas Joe Brown mientras el periodismo acorralaba a Clemente al caer el telón de ese clásico. "La gente lo ve batear una pelota al montículo y correr como un demonio y piensan que lo está haciendo porque es una Serie Mundial. No, él lo hace diario."

Pero solo ahora, después de una de las grandes actuaciones individuales en la historia de Serie Mundial, el reconocimiento fue suyo."Ustedes llama a Pete Rose 'Charlie Hustle'" dijo Clemente a un grupo de escritores en la casa-club de Pittsburgh dos días antes.  "El no da más que yo”, agregando: “Nadie da más que Clemente.  Y nadie juega beisbol mejor”.

"Este es el mejor jugador que haya visto", gritaba Brown entre el ruido, decía el despacho de la Prensa Asociada.  "Pensaba que Mays era el más grande hasta 1966.  Después de eso, este es el hombre. No estoy diciendo que esto es solo hoy, bajo estas circunstancias.  Este pelotero es el más grande que haya visto..."

Fue una actuación cumbre, como si Clemente quisiera mostrarle al mundo, de una vez y por todas, que podía hacerlo todo. El no es un jonronero porque no escogió ser un jonronero.  "Yo digo al diablo con los jonrones", dijo.  "Una barda es corta, otra es larga. Una es alta, otra es baja."

Clemente había leído que los Orioles aplastarían a los Piratas, y que él era solo un bateador del jardín derecho, un hombre que no podía empujar una pelota. En su primer turno al bate en el sexto juego conectó la pelota a la izquierda del center para un triple.  "Y dicen que no empujo la pelota", apuntó después exteriorizando su molestia. Su orgullo fue siempre inmenso.

Cuarenta años después de su muerte, Roberto Clemente es dueño de cinco lideratos en el equipo de Pittsburgh. Sus 2,433 partidos jugados, superan por uno a otro inmortal, Honus Wagner, en tanto su ventaja en veces al bate es muy amplia (9,454 por 9,046 de Wagner). El boricua es lo máximo en imparables con 3,000 mientras Wagner conectó 2,970, y en sencillos, Roberto muestra 2,154 por 2,101 de Wagner. Finalmente, prevalece en total de bases con 4,492 relegando a Wagner que registró 4,234.

Cifras en mano, su brillantez fue tan cegadora como su calidad humana.

Cuarenta años después de la desaparición de Roberto Clemente

Aún duele el alma

•          No hay piedras de agradecimiento suficientes para hacerle la estatua que merece
•          Fue un gesto sublime, un sacrificio extremo, y un ejemplo imperecedero
•          ¿Por qué tuvo que ser así Señor? ¿Por qué?

Roberto Clemente, inolvidfable 40 años después de su muerte.

Edgar Tijerino M.
dplay@ibw.com.ni

Recordando a Roberto Clemente, me siento tan pequeño, tan insignificante, y al mismo tiempo tan aturdido y desarmado, como el santo de Asís escuchando los motivos del lobo al retirarse a la montaña. Pienso así, porque el fiero Roberto, también se había asomado a todas las ventanas y vio las múltiples necesidades en que estábamos sumergidos después del terremoto que devastó Managua aquel diciembre de 1972. Mientras la tragedia se extendía, observó la falta de garantía en la llegada de la ayuda al destino correcto. Ahí estaban el abuso, la codicia, la rapiña, conspirando contra la buena voluntad del resto del mundo, y espantado por semejante descaro, el astro boricua que iluminó durante 18 años los diamantes en las Grandes Ligas, decidió tomar el riesgo de viajar en un avión “herido”. Lamentable y dramáticamente, solo llegó a despegar cerca de la media noche del 31 de diciembre, y en la hora de cantar los gallos seguía hundiéndose en el mar.

Del clarín del horizonte, brota sinfonía rara, nos dice Rubén, el poeta, en su Tarde del Trópico, agregando: del abismo se levanta una queja amarga y sonora con el mar vestido de terciopelo y el cielo profundo, de luto: ¿Por qué tuvo que ser así señor? Esa era la pregunta obligada atrapados por el drama que provoca el inexplicable ahogo de la generosidad.

Ocurrió hace 40 años, y aún nos duele el alma. Los corazones siguen sangrando.

“No pedí ser profeta. Tal vez todo sea producto de mi imaginación”, decía Elías…"Nunca pensé ser tan exigente conmigo mismo, tan espontáneo y tan útil, tan compenetrado del amor al prójimo como tan ansioso de la grandeza deportiva. No pretendí ser un factor de inspiración. Quizás todo sea producto de mi imaginación”, pudo haber dicho Roberto Clemente, en su momento cumbre de pureza espiritual.

Han pasado 40 años desde su muerte, y la leyenda continúa. Hay una estatua a Clemente en Pittsburgh, que es en cierta forma, un espejo en el cual todos deberíamos mirarnos intentando seguir sus huellas, tomar su ejemplo, valorar su entrega, admirar su voluntad ardiente y su empeño inclaudicable. Pero somos muy poca cosa para eso, algo próximo al polvo. Cierto, lo admiramos,  incluso podemos avergonzarnos de no poder ser como él, pero nos resignamos mansamente.

Aquel amanecer del primero de enero del 73, mientras tratábamos de emerger de entre los escombros, nuestras almas fueron aguijoneadas por un dolor profundo al conocer la noticia de su muerte, involucrado en la misión de traernos ayuda, en un época en que la celebración del fin de año y el marco de comodidades le hacía señas para quedarse en casa, con su familia.

“Estaba escrito”, hubiera dicho Diógenes, en referencia al ”No vayas Roberto”, solicitado casi con desesperación por aquel gran topedero que fue José Pagán, al pie de la escalerilla del avión. ”José, si vas a morir, morirás”, respondió el astro boricua,  y subió, a su encuentro con el destino.
 
Desde el 23 de diciembre, cada amanecer había sido siniestro en aquel cierre de 1972...Y ese 1 de enero, el cielo permanecía opaco, el aire frío, el ambiente triste y la tragedia continuaba golpeándonos en las narices...Saltando sobre cadáveres, zig-zaguendo entre tumbas, atrapados por las ruinas, nuestro aturdimiento sufrió otro impacto y el corazón se nos terminó de romper con la noticia de la muerte de Roberto Clemente.

Me pregunté: ¿Por qué señor la fuerza de voluntad y el afán de colaboración de ese extraordinario ser humano revestido de un inmenso espíritu de sacrificio, se fue a pique junto con ese aparato inapropiado?.

Después de 40 años, el recuerdo de lo escalofriante, sigue erizándonos la piel y turbando nuestros sentidos: "Desde San Juan Puerto Rico, se informa que el avión que se dirigía a Nicaragua llevando ayuda, con Roberto Clemente y otras cuatro personas, se precipitó al mar. No hay sobrevivientes".

Lo de Clemente y Nicaragua fue "amor a segunda vista"... Roberto había estado entre nosotros en 1964 como parte de la impresionante alineación de los Senadores de San Juan en aquella Serie Interamericana que ganó brillantemente el Cinco Estrellas. Fue cuando desde las tribunas del jardín derecho le lanzaron un garrobo que lo asustó al extremo de palidecer.

Ocho años después, justo cuando Clemente acababa de aterrizar en  la pista de los 3 mil hits con un doble contra John Matlack, y su proyección hacia el Salón de la Fama se consideraba un hecho, el dirigente del béisbol de aficionados de Puerto Rico Oswaldo Gil, le ofreció dirigir al seleccionado de la Isla en el Mundial Nica. "Hay quienes murmuran detrás de mí que esa fue la decisión mortal para Roberto, pero no lo admito" ha manifestado Gil en diferentes ocasiones.

Durante ese Torneo del 72, conocí a Roberto y el conoció a nuestro pueblo. Se sintió atrapado por la hospitalidad del nica, su pasión por el béisbol y las bellezas de nuestro país. Le impresionó el respeto, la admiración y la idolatría que se le tenía. En el Hotel Intercontinental se convirtió en el epicentro de la atención del público y del periodismo... Era emotivo y rebelde por naturaleza, defensor a muerte de los peloteros latinoamericanos y un atacante implacable del racismo.

¿Cuántos de nosotros dejaríamos a la familia un 31 de diciembre para correr riesgo en un avión inseguro y sobrecargado buscando como ayudar al prójimo en desgracia?... ¿Qué nivel de sensibilidad humana se requiere para ello?...¿Hubiera entendido alguien la grandeza espiritual de Clemente sin ese gesto y más dramáticamente aún, sin ese desenlace?

Manny Sanguillén, un gran amigo trató de convencer a Clemente que no hiciera el viaje en un vuelo que se estuvo postergando desde la mañana del 31 de diciembre hasta las 11 y 20 de la noche. Su esposa Vera regresó a casa después de haberlo dejado en la terminal aérea, sólo para observar como su sobrina levantaba el teléfono recibiendo la noticia de que el aparato se había precipitado y hundido intentando tomar vuelo. "Oh no... No puede ser, él va para Nicaragua", dijo Vera. Pero más tarde no quedaron dudas. El mar lo había cobijado para siempre.

“No vayas Roberto”, le dijeron, y él respondió “Iré. Si vas a morir, morirás”. Así de sencillo, pero al mismo tiempo tan grandioso. Todo depende de la actitud, de la misión, de la convicción, de la entrega a un propósito.

El hit 3001 de Clemente, ese que nunca apareció en los box scores, fue el de más significado de su vida, el que lo mostró de cuerpo entero como un ser humano de enorme sensibilidad y determinación a prueba de balas. En su muerte, víctima de un golpe traidor o de una burla cruel del destino, Clemente nos enseñó mucho acerca de la vida.

Hay silencios de silencios, y está éste silencio provocado por su muerte, espeso, impermeable, tan inmenso que nos ha mantenido conmovidos en forma permanente durante 40 años. Morir de esa forma se convierte en una factor de inspiración inagotable. Roberto Clemente lo dejó todo por tratar de ayudarnos a salir a flote sin importarle los riesgos contra todas las advertencias. Uhh ¿cómo dimensionar eso? Fue un gesto sublime, un sacrificio extremo y un ejemplo imperecedero. Insisto: aquí no hay piedras de agradecimiento suficientes para hacerle la estatua que se merece.

La fiesta del alarido - El Mundial de 1972, obra maestra de Carlos García

¡Cómo es posible que después de 40 años, con el mundo evolucionando vertiginosamente, se siga considerando ese Mundial nica, como el mejor de todos los tiempos! Hay sobrevivientes como Oswaldo Gil, testigos oculares de tantos otros, que no han alterado esa consideración

Por Edgard Tijerino

¿Un Mundial de béisbol en Nicaragua? ¡Qué arrogante intrepidez!, pensé, quedando claro que Carlos García al obtener la sede de 1972, se estaba metiendo en un laberinto de incertidumbres. Pero Carlos, sin la menor duda el más grande dirigente deportivo que Nicaragua ha producido, me dijo, “Nada me detendrá”, y se dispuso a zigzaguear acelerando en un campo minado, rumbo hacia el objetivo más importante de su vida: hacer historia organizando un Mundial inolvidable, y confeccionando la mejor selección pinolera de todos los tiempos.

Y aquel 15 de noviembre de 1972, un día como hoy, hace 40 años, se estaba levantando el telón de ese Mundial. Pensé en voz alta: ¡Lo lograste Carlos! y ese esfuerzo que permitió construir esa proeza, ha resistido las embestidas del implacable paso de los años, y evitado a las telarañas que hacen confusos los recuerdos.

¡Cómo es posible que después de 40 años, con el mundo evolucionando vertiginosamente, se siga considerando ese Mundial nica, como el mejor de todos los tiempos! Hay sobrevivientes como Oswaldo Gil, testigos oculares de tantos otros, que no han alterado esa consideración.

Contra el reloj

Y pensar, que ni siquiera teníamos los estadios con las exigencias necesarias. ¿Cómo fijó Carlos el orden del prioridades para luchar contra el reloj? Lo esencial era conseguir el abierto apoyo del gobierno y de la iniciativa privada, y volcarse sobre la construcción de estadios en Masaya y León, completar los de Granada y Chinandega, y restaurar en forma impresionante, el Nacional aquí en Managua, convirtiéndolo solo por unos días –por culpa del terremoto- en el mejor del Caribe.

“Este es un Estadio de Grandes Ligas”, dijo el reputado cronista mejicano con experiencia en la cobertura de Series Mundiales, Tomás Morales, en tanto Roberto Clemente, viendo las nuevas tribunas, los palcos especiales, las cabinas de transmisión, la pizarra eléctrica, el mensajero, el tratamiento al terreno, exclamó: ¡Estupendo parque en cualquier parte que se juegue béisbol!
¿Cuántas horas durmió Carlos dirigiendo el operativo? Nadie lo sabe, ni siquiera él, impulsado hacia un ritmo frenético que casi lo convierte en un robot. ¿Cuánto costó el súper-evento? Tampoco se sabe, aunque él sí debe tener una idea clara todavía no publicable. ¿En qué estadios estaríamos jugando de no ser por aquel Mundial? Lo siento, no tengo respuesta por carecer de una imaginación tan fértil.

¿Por qué el mito?

Las nuevas generaciones deben de preguntarse con justificada incredulidad: ¿Por qué el mejor Mundial de la historia? No es una exageración. No, y aquí están las explicaciones:

Porque fue un Mundial con 16 equipos, algo nunca visto; porque se juntaron representantes de América, Asia y Europa, con un delegado de Suráfrica en el Congreso de la FIBA; porque fue el Mundial de las marcas asombrosas, algunas todavía vigentes; porque el público, motivado por una impresionante Selección Nacional adiestrada por ese grupo de técnicos manejado por Tony Castaño y dirigida por Argelio Córdoba, se desbordó provocando llenos espectaculares; porque en una época en que no se conocía el internet y las computadoras solo eran vistas en películas de ficción, se realizó un trabajo estadístico fuera de serie, con mucho de la manualidad de Noel Urcuyo, Manuel García, Chico Pinell, Artidoro Arana y tantos otros, permitiendo la entrega diaria de un boletín que muchos conservan como un tesoro, elaborado en Artes Gráficas con coordinación de Danilo Aguirre; porque estuvo Miss Universo y vino el astro boricua Roberto Clemente funcionando como dirigente de Puerto Rico; porque el béisbol asiático mostró su futuro en estas competiciones; porque Cuba y Estados Unidos protagonizaron el Juego del Siglo que decidió aquel trancazo de Agustín Marquetti; porque se produjeron tres juegos sin hit ni carrera en la misma noche a la misma hora; porque el sobresaliente en “atención a los clientes”, no ha podido ser superado ni por países de obvio poderío económico; porque en la larga cabalgata de partidos y más partidos, viajamos constantemente de la emoción al suspenso y de la alegría a el drama, hasta desembocar en la fiesta del alarido.

La campaña nica

Debutamos contra los débiles brasileños, y Julio Juárez caminó sin contratiempos ocho entradas mientras sus compañeros fabricaban tres carreras. En el noveno, Brasil llenó las bases con tres hits y fue necesario que entraran Herradora y Chévez para preservarle la victoria por 3-0 en medio de una angustia agobiante.

Frente a Italia, Aubrey Taylor se vio tan descontrolado, que Argelio decidió retirarlo rápidamente. Taylor golpeó a uno y dio dos bases en el primer episodio, y abrió el segundo con pasaporte y golpe. Era demasiado riesgo mantenerlo en la colina. Lacayo entró con el marcador adverso 1x0, pero sujetó en 5 imparables a los italianos, mientras los nicas reaccionaban para triunfar por 7x1.

En el tercer juego contra Dominicana, el joven tirador Antonio Chévez supo distribuir nueve imparables, admitiendo solo una carrera, mientras la artillería nica disparaba 21 cohetes para anotar 11 veces. Calixto Vargas, con cinco indiscutibles en cinco turnos, pasó a comandar a los bateadores, al registrar .800 puntos, de 10-8.

Sorpresivamente, El Salvador resultó un hueso duro para los nicas, y fue necesario un trabajo monticular rigurosamente ajustado al veloz Aubrey Taylor para vencerlo 2x0. El zurdo cuzcatleco Mario Flores se fajó como león con los artilleros nicas, y solamente soportó dos carreras, una en el episodio cuatro y otra en el noveno.

Final de infarto

Nicaragua le ganó a Puerto Rico 2x1 en extra entradas, con un batazo oportuno y corrido espectacular de Julio Cuarezma, más un remate notable de Ángel Dávila, mientras 20 mil aficionados estaban al borde del infarto. Con el juego 1x1 y Luis Torres, el lanzador zurdo de excelente control, fuera del escenario, Cuarezmita disparó un cohete entre el central-derecho y voló en los senderos. El relevo de los jardines fue confuso y Cuarezma siguió hasta el plato con la carrera que le dio ventaja a Nicaragua.

En el cierre de ese décimo episodio, Puerto Rico llenó las bases y Argelio retiró a Chévez, y llamó al veterano Ángel Dávila para que tratara de sacar el último out y congelara el peligro. Con Luis Ramos en conteo de tres y dos, un escalofrío recorría la espalda de medio mundo. Vino el lanzamiento y Ramos conectó un roletazo al campo corto, ahogado en el guante de Jarquín para consumar el out final y el quinto triunfo nica sin derrota.

Bonard Luzey lanzó cómodamente frente a los inexpertos alemanes, y Nicaragua se impuso por cifra aplastante de 17x1, con Obando impulsando tres carreras; al día siguiente, Sergio Lacayo blanqueó 4x0 a China, con rendimiento de tres imparables, y Calixto Vargas bateó dos cohetazos en la hora buena.

Veneno japonés

Invictos en siete juegos, con el país uniformado y enloquecido, los nicas enfrentaron a Japón con un lleno increíble. El derecho Kojiro Ikegaya solo permitió dos imparables en el primer episodio, y después ponchó a 15 en siete entradas y dos tercios para convertirse en la pieza clave de una victoria por 2x0. El zurdo Zengo Ikeda concluyó la blanqueada. Valeriano Mairena y Pedro Selva conectaron los dos únicos impables nicas. Denis Martínez, que abrió y perdió, Antonio Chévez, Ángel Dávila y Aubrey Taylor, tiraron por los nicas.

Nicaragua reaccionó a esta primera caída ganándole 6x3, de forma apurada --pues se fue a extra entradas-- a los batalladores canadienses. Frente a una alineación cargada de zurdos, Argelio abrió engañosamente con Bonard Luzey para trabajar solo a un hombre, llamando de inmediato al zurdo Herradora. Más adelante llamó a Sergio Lacayo, que ganó el juego. La novena victoria nica fue por 3x2 sobre Panamá, con Julio Juárez en la loma y Calixto manteniéndose como líder de bateo con .560. Perdió Ronaldo Montero, el as canalero.

Una base por bolas de Herradora a Jeff Malinoff con casa llena en el décimo episodio, le permitió a Estados Unidos vencer 4x3 a Nicaragua, en el partido súper peleado que mantuvo en vilo a la gigantesca clientela. Nicaragua empató 3x3 en el octavo, pero los norteamericanos ganaron finalmente con pitcheo combinado de Rubén García, Baumiller y Jay Smith.

Con dos derrotas encima, Nicaragua pasó apuros un buen rato antes de vencer a Guatemala 8x4. Abrió y ganó Aubrey Taylor, y le siguieron Denis, Chévez y Lacayo. Frente a Honduras, Antonio Chávez ponchó a diez, en lo que fue un brillante triunfo por 9x1, para poner fin a un balance de 11-2, y al día siguiente Denis Martínez por poco deja sin imparables a Costa Rica en victoria de 9x0.

Ultimo pincelazo

En el cierre del torneo, Nicaragua consiguió una victoria espectacular de 2x0 sobre Cuba, con pitcheo seguro del valiente Julio Juárez y un jonrón de Vicente contra el as José Antonio Huelga. Tal resultado le abolló la corona y el orgullo a los cubanos, que llegaron invictos a este duelo con 14-0 y el título en el bolsillo. Juárez pasó cuatro momentos difíciles, y todos ellos los resolvió con singular maestría y serenidad admirable.

Si algo le faltaba como último pincelazo de ese Súper-Mundial, era ese triunfo sobre Cuba. Lloró Argelio, lloró Juárez, lloró Carlos, lloramos todos, y nos sentimos subiendo hacia el cielo utilizando una escalera imaginaria. Han pasado 40 años, y el recuerdo permanece incrustado en nuestras cabezas y corazones, como prueba irrefutable que por casi un mes, estuvimos en el Paraíso.

En diciembre, el libro “De Cayasso a Nemesio”, con los cinco Mundiales realizados en Nicaragua.

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Dos nicas ganan trofeo en las Ligas Mayores.

El lanzador Wilton López y el cronista René Cárdenas:

Houston, septiembre 29, 2012..- Desde hace varios años soy miembro activo de la Baseball Writers' Association of America (BBWAA) y en cada ciudad donde hay periódicos hay un gremio de periodistas que pertenece a la agrupación reconocida oficialmente por todas las ligas profesionales de Los Estados Unidos. Cada miembro tiene que pagar una cuota para mantenerse vigente, y cada grupo tiene un representante a quien llaman "Chairman" o una persona que preside.

El gremio de Houston se reúne anualmente y vota por los mejores peloteros de los Astros y también por otras personalidades. Luego de la votación, el equipo ofrece un banquete todos los años que usualmente se escenifica en uno de los hoteles más importantes de la ciudad.

En ese acto se entregan los trofeos a los ganadores y los miembros de la BBWAA son los encargados de entregarlos después de unas palabras de introducción y la presentación de un video de acción.

He a continuación las categorías y los ganadores de este año:

1. El JMV de los Astros, José Altuve
2. El lanzador del año de los Astros, Wilton López
3. El novato del año de los Astros, Lucas Harrell
4. El trofeo Darryl Kile para el buen jugador, Jason Castro.
5. El jugador del año de Liga Mayor del área de Houston, Jay Bruce (Rojos de Cincinnati)
6. El trofeo Fred Hartman por meritorios y prolongados servicios al beisbol, René Cárdenas
7. Presidente del Gremio BBWAA de Houston para 2013, Bill Hartman.