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Al principio… o let’s play ball Héctor L. Zarauz López. Distintas fuentes coinciden en que el béisbol o juego de pelota, llegó por primera vez a México durante el siglo XIX, sin embargo existen disputas por la fecha y el lugar en que apareció por vez primera. La cercanía a los Estados Unidos y los primeros esbozos de modernización económica propiciaron la llegada de empresas y trabajadores estadounidenses, y con ellos el béisbol. Según una versión, el 7 de septiembre de 1847 (en plena invasión estadounidense a nuestro país) se dio el desembarco de soldados norteamericanos en el puerto de Mazatlán, quienes aprovecharon esto para jugar el primer partido de béisbol en territorio mexicano. Sin embargo la mayoría de las evidencias sitúan la aparición del juego de la pelota caliente entre 1870 y 1890 en distintas partes de la República Mexicana. De tal forma se considera que en Nuevo Laredo se jugó por primera vez en 1870, por otra parte hay documentación que señala el desarrollo de un juego el 3 de mayo de 1877 en Guaymas, que en 1885 fue en Hermosillo y al año siguiente en el jacarandoso puerto de Veracruz donde fue jugado por trabajadores del ferrocarril. En Monterrey ya se jugaba hacia 1890. Curiosamente en Yucatán la historia fue un tanto distinta pues ahí se dice fue introducido por una familia de cubanos, los Urzaiz, que enseñaron el juego de pelota a los “yucas”. Mientras en Coahuila el primer juego se daría en 1899. Además por lo menos desde 1889 ya había clubes en Guadalajara, y en la ciudad de México seguramente desde la década de 1880 o antes tal vez. Vale señalar que con el advenimiento del porfiriato, la sociedad mexicana inicia un proceso de modernización económica, sostenido en parte sobre la inversión de capitales extranjeros. Este afán también se vertió en la cultura, en un comportamiento colectivo y en la adquisición de ciertas costumbres (entre ellas la práctica deportiva) que se consideraba eran propias de sociedades más desarrolladas y modernas. Entre 1880 y 1890 se comienza a institucionalizar el deporte en México, en el sentido de crearse cierta infraestructura: campos, canchas y espacios específicos para la práctica deportiva así como la organización de ligas, clubes, concursos, torneos y competencias. Aparejado con ello la prensa mexicana comenzó a registrar estos eventos de manera más o menos sistemática, tal y como sucedió con The Two Republics, El Monitor Republicano, El Siglo Diez y Nueve y posteriormente en The Mexican Sportsman. Las primeras notas beisboleras que se tienen registradas en la prensa capitalina, fueron publicadas entre julio y agosto de 1882 en el periódico The Two Republics, en ellas se daba noticia pormenorizada de la serie jugada entre los equipo del Ferrocarril Nacional y la Compañía Telefónica. Más adelante, en el Monitor Republicano del 12 de octubre de 1884 se registró la siguiente referencia: “Pelota. Se nos informa que el partido ajustado entre los Clubes Central y Nacional Mexicano, tendrá verificativo hoy a las nueve de la mañana en el paseo de la Reforma, en el lugar donde se verificó la última vez. El traje del Club Nacional será el del pabellón mexicano, verde, blanco y colorado; y el del Central será el del pabellón americano, colorado, blanco y azul. Los aficionados a esta diversión pueden disfrutar de un rato de solaz, sin estipendio ninguno.” Esta breve nota es muy reveladora en varios sentidos. Primero en el hecho de que el béisbol en 1884 presentaba ya cierto desarrollo desde el momento en que existían clubes bien organizados, con uniformes, además había un campo específico para practicarlo y ya existía cierta afición. Esto nos conduce a pensar con toda certeza, que la pelota caliente se habría empezado a jugar algunos años antes, por lo menos. Otra conclusión que se desprende es que la sociedad mexicana hacía esfuerzos por sumarse a la modernidad, también a través de la práctica deportiva. Finalmente se confirma que el béisbol estaba claramente asociado a la colonia norteamericana, o bien a los clubes entre cuyos miembros se encontraban mexicanos que habían conocido este deporte luego de vivir en los Estados Unidos. Podemos añadir que en términos sociales, en estos años del siglo XIX, los primeros del béisbol en nuestro país, su práctica estaba asociada a las clases sociales más ricas que lo habían adoptado como una forma de establecer un vínculo con lo que se consideraba la modernidad, pero que rápidamente se había expandido entre las “clases populares”, surgiendo así los equipos de fábricas, ferrocarrileros, petroleros, mineros, etc. Un ejemplo de todo ello se dio en 1892 cuando los señores Luis Amieva y G. J. Porter, junto con otros amigos fundan el llamado Club Atlético que tenía por objeto “desarrollar la afición a los ramos de sport, procurar su adelantamiento, y proporcionar a los miembros ejercicios saludables y diversiones útiles”. Hacia 1894 esta organización había construido un velódromo (en esta época el ciclismo era muy popular), canchas de cricket, tenis y desde luego de béisbol. 6 Tal desarrollo había alcanzado el béisbol, que eran frecuentes los encuentros entre clubes y colegios. Hacia finales de 1896 se anunciaba la idea de formar un club semiprofesional con jugadores cubanos. 7 Por otra parte el “Mexico Base Ball Club” se proclamó campeón nacional (cuando en realidad sólo lo era de la ciudad de México), y aceptaba el desafío del “Club de Base Ball de Guadalajara” en una serie de tres juegos. 8 Para entonces el béisbol se había extendido aún más y ya había equipos en San Luis Potosí, Tamaulipas y otros estados. Incluso se habló de la posible llegada de un equipo profesional de los Estados Unidos, concretamente de Louisville para enfrentar a una Selección Mexicana. Había tal interés que se publicó la primera nota explicativa del béisbol señalando la forma de jugar este “sport”, y del impacto que tenía en la sociedad mexicana: En México la afición por los juegos atléticos y de agilidad, apenas han comenzado a desarrollarse desde hace algunos años, pero ya hay agrupamientos en la capital y en algunos estados que se dedican a estos ejercicios y justo es mencionarles y dar a conocer sus trabajos cuya utilidad es incuestionable. El base ball se ejecuta en un amplio y abierto, entre dos partidos adversarios completados de nueve individuos, cuya obligación consiste principalmente en pasar la pelota del campo contrario. Cada jugador está provisto de una pesada maza con la cual arrojan la pelota que es por lo regular de goma negra tan resistente, que cuando se tira con la mano llega a abrirse la epidermis de ésta y cuando toca a alguna gente en la cara la deja desfigurada y aún puede causarle graves contusiones. Cada uno de los nueve miembros de cada bando tiene su nombre especial en inglés, porque no ha sido aún castellanizado “pitcher”, “catcher”, “1ª base”, “2ª base”, “3ª base”, “short stop”, “left fielder”, “center fielder”, “right fielder”. El primero es el que arroja continuamente al segundo la bola, con obligación de hacer pasar ésta por determinado lugar, a fin de que el grupo contrario que debe estar parado y armado de un “bat” o basto le pegue a ésta lanzándole encima de sus contrarios, que si son hábiles la cogerán en el aire o por el suelo si pueden, y si esto llega a verificarse cualquiera de los que la tengan, arrojará nuevamente hacia “el otro lado” con la mayor rapidez posible, en caso de que ninguno de los individuos que ocupan el campo pare la bola, el que pegó tiene derecho a seguir corriendo la línea del cuadro. Hay otra multitud de condiciones y reglas que ya sería imposible enumerar, hemos citado las anteriores únicamente para dar a conocer lo intrincado del juego, cuya parte principal consiste en el orden de los jugadores y el apunte de las jugadas operaciones son encargadas al jefe de cada banda llamada “capitán”. Tal es el desarrollo que este ejercicio ha tomado en Estados Unidos, que no solamente los periódicos, sino que hasta algunas cantinas elegantes tienen un servicio telefónico y telegráfico para recibir violentamente la relación de los juegos, cuyo resultado es señalado en grandes carteles con multitud de signos y cifras. Solamente con esto, cuentan ya esos establecimientos con numerosa clientela. Notas: 2 Ibid. También en Michael Oleksak, Mary Adams, Béisbol. Latinoamericanos en las Grandes Ligas. México, Edamex, 1996. 3 Al respecto es conveniente consultar la tesis de Santiago Fridman Anibal Pablo, El Nacimiento del periodismo deportivo en México (1882-1897), México, UNAM, FCPyS, 2001. 4 Al respecto debe consultarse “La Raíz de juego”, ensayo de verdadera arqueología beisbolera, de César González Gómez, en la página www.origenesdelbeisbol.com, consultado en enero del 2009. 5 “Pelota” en el Monitor Republicano, México, 12 de octubre de 1884, pág. 4. 6 “El Club Atlético”, en El Mundo, México, 4 de noviembre de 1894, pág. 13, 7 Véase The Mexican Sportsman, México, 14 de noviembre de 1896, p.12. 8 En The Mexican Sportsman, México, 28 de noviembre de 1896, pág. 11. Nueva evidencia sobre la familia Alomá, pionera del beisbol en República Por César González Gómez Varias versiones circulan sobre el origen del béisbol en la República Dominicana que lo sitúa entre 1886 y 1891. Los antecedentes que datan de 1886 refieren a un buque cubano que llega a descargar azúcar al puerto de San Pedro de Macorís, y sus tripulantes forman dos equipos para celebrar un juego de béisbol. Es este el indicio más antiguo de béisbol que se ha encontrado en la República Dominicana. Sin embargo parece ser un evento fechado en 1891 el que lleva el juego a establecerse en la capital del país, Santo Domingo. Como ya lo hemos referido, suelen ser los nativos, socialmente establecidos, quienes aprenden y transmiten el juego al resto de la sociedad. Ubaldo Alomá Esta versión sostiene que los hermanos Alomá fueron promotores del béisbol pionero en República Dominicana. Existían dos equipos, uno formado por cubanos inmigrantes, algunos norteamericanos y dominicanos. Este equipo se enfrentaba a una novena formada por norteamericanos trabajadores de la fábrica “La Nacional”, primera cervecera que se estableció en Santo Domingo a partir de 1893. Los hermanos Alomá, según algunos testimonios, solían reclutar peloteros entre sus amigos y, luego de enseñarles el juego, los integraban al equipo. Uno de los documentos más interesantes sobre el rol de los Alomá en los inicios del béisbol dominicano es “Dominicana: Catolicismo, Gallos, Revoluciones y Beisbol” que escribe el historiador Frank Peña, donde narra lo siguiente: “Los hermanos Ignacio (Nilo) y Ubaldo Alomá, cubanos, enseñaron a jugar béisbol a los dominicanos a partir de 1891, cuando la población de todo el país era de unos cien mil habitantes. Los hermanos Alomá eran herreros y mecánicos de profesión. Cuando llegaron de Cuba, poco antes de 1886, instalaron un negocio de ese ramo en la calle Mercedes de la capital dominicana. Resulta extraño que aun cuando residían en Santo Domingo desde 1880, no incursionaron en la práctica del béisbol sino 12 años más tarde.” Sin embargo, hallazgos recientes realizados por el editor de este sitio arrojan nueva luz sobre la identidad correcta de los miembros de la familia Alomá, así como sobre su proceso de migración que los llevó de Cuba a República Dominicana. Esta documentación revela datos sumamente interesantes, como el hecho de que los Alomá no llegan directamente de Cuba a República Dominicana, como se creía, sino que residen un tiempo en Estados Unidos, tal como lo confirma el censo del estado de Nueva York en 1880. Este documento cita a 8 miembros de la familia Alomá viviendo en el 312 de Wyckoff Street en Brooklyn. El censo reporta a Ignacio Alomá, de 39 años y Ángela de 34 como los padres de familia. Los hijos son Ignacio, de 14 años; Julio, de 12; Belén, de 9; Nilo, de 7; Ubaldo, de 6, y Herminia de 4. Aquí podemos esclarecer otro dato sobre la identidad de los Alomá. Frank Peña, en su documento, refiere que Ignacio y Nilo eran la misma persona. Sin embargo, la información registrada en el censo nos dice que Ignacio y Nilo, en realidad, eran dos personas diferentes. Ignacio era el mayor de los hijos. Tenía 14 años en 1880 y tendría 25 en 1891 cuando supuestamente inicia la práctica del béisbol en Santo Domingo. Censo de Nueva York, 1880. En realidad, los Alomá que estuvieron entre los pioneros del béisbol dominicano son Nilo y Ubaldo, dos hermanos con sólo un año de diferencia. En 1880, Nilo tenía 7 años y Ubaldo 6, y para 1891 Nilo tendría 18 y Ubaldo 17. Las edades que tendrían en 1891 coinciden con las edades típicas de la gran mayoría de los pioneros del béisbol en Latinoamérica que normalmente va de los 15 a los 19 años. Según la información que registra el censo, todos los miembros de la familia son nacidos en Cuba, incluida la pequeña Herminia de 4 años, lo que nos revela que la familia Alomá no tenía más de 4 años viviendo en los Estados Unidos al momento en que se levanta el censo. Tomando en cuenta las evidencias, la familia Aloma pudo haber vivido en Estados Unidos desde 1878. Pero lo que no queda claro es hasta cuándo vivieron los Alomá en Nueva York. ¿En qué año deciden dejar Estados Unidos para emigrar a la República Dominicana? No hay certeza de la respuesta a esta pregunta. En su escrito, Frank Peña primero dice que los Alomá llegan a Santo Domingo poco antes de 1886, pero luego en el mismo escrito asegura que ya vivían en República Dominicana desde 1880. Hace eco de esta incertidumbre en su texto y le resulta extraño que si los Alomá ya vivían en Santo Domingo desde 1880 no hubieran incursionado en el béisbol sino hasta 12 años más tarde. Sobre esto último, el censo de Estados Unidos de 1880 es evidencia que los Alomá aun vivían en Nueva York en ese año y no habían llegado todavía a Santo Domingo y probablemente tardaron tanto en comenzar a practicar el béisbol en Santo Domingo porque su estancia en Nueva York fue mas larga de que lo se cree y emigraron a la isla hasta mediados o finales de los 1880’s. Un elemento de su estancia en Estados Unidos que nos permite fortalecer esta tesis radica en que la dirección del domicilio que habitaron en Brooklyn en 1880, está a unas cuantas calles de donde, en 1884, sería inaugurado el Washington Park que fue la casa del equipo Brooklyn Atlantics de 1884 a 1891, jugando en la American Association. Por la cercanía del parque de pelota y su hogar en Brooklyn es probable que los niños Alomá hayan aprendido el béisbol en Nueva York y luego lo llevan consigo a la República Dominicana cuando emigran a finales de 1880s o inicios de los 1890’s. Sin duda que poder documentar la llegada de los Alomá a Santo Domingo representa un acertijo genealógico que, de resolverse, arrojaría mucha luz a la historia fundacional del béisbol dominicano.
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