Cuarenta años después de la desaparición de Roberto Clemente

Aún duele el alma

Roberto Clemente vivie en el corazón de los aficionadfos nicaraguenses.

•          No hay piedras de agradecimiento suficientes para hacerle la estatua que merece
•          Fue un gesto sublime, un sacrificio extremo, y un ejemplo imperecedero
•          ¿Por qué tuvo que ser así Señor? ¿Por qué?

Edgar Tijerino M.
dplay@ibw.com.ni

Recordando a Roberto Clemente, me siento tan pequeño, tan insignificante, y al mismo tiempo tan aturdido y desarmado, como el santo de Asís escuchando los motivos del lobo al retirarse a la montaña.

Pienso así, porque el fiero Roberto, también se había asomado a todas las ventanas y vio las múltiples necesidades en que estábamos sumergidos después del terremoto que devastó Managua aquel diciembre de 1972. Mientras la tragedia se extendía, observó la falta de garantía en la llegada de la ayuda al destino correcto. Ahí estaban el abuso, la codicia, la rapiña, conspirando contra la buena voluntad del resto del mundo, y espantado por semejante descaro, el astro boricua que iluminó durante 18 años los diamantes en las Grandes Ligas, decidió tomar el riesgo de viajar en un avión “herido”. Lamentable y dramáticamente, solo llegó a despegar cerca de la media noche del 31 de diciembre, y en la hora de cantar los gallos seguía hundiéndose en el mar.

Del clarín del horizonte, brota sinfonía rara, nos dice Rubén, el poeta, en su Tarde del Trópico, agregando: del abismo se levanta una queja amarga y sonora con el mar vestido de terciopelo y el cielo profundo, de luto: ¿Por qué tuvo que ser así señor? Esa era la pregunta obligada atrapados por el drama que provoca el inexplicable ahogo de la generosidad.

Ocurrió hace 40 años, y aún nos duele el alma. Los corazones siguen sangrando.

“No pedí ser profeta. Tal vez todo sea producto de mi imaginación”, decía Elías…"Nunca pensé ser tan exigente conmigo mismo, tan espontáneo y tan útil, tan compenetrado del amor al prójimo como tan ansioso de la grandeza deportiva. No pretendí ser un factor de inspiración. Quizás todo sea producto de mi imaginación”, pudo haber dicho Roberto Clemente, en su momento cumbre de pureza espiritual.

Han pasado 40 años desde su muerte, y la leyenda continúa. Hay una estatua a Clemente en Pittsburgh, que es en cierta forma, un espejo en el cual todos deberíamos mirarnos intentando seguir sus huellas, tomar su ejemplo, valorar su entrega, admirar su voluntad ardiente y su empeño inclaudicable. Pero somos muy poca cosa para eso, algo próximo al polvo. Cierto, lo admiramos,  incluso podemos avergonzarnos de no poder ser como él, pero nos resignamos mansamente.

Aquel amanecer del primero de enero del 73, mientras tratábamos de emerger de entre los escombros, nuestras almas fueron aguijoneadas por un dolor profundo al conocer la noticia de su muerte, involucrado en la misión de traernos ayuda, en un época en que la celebración del fin de año y el marco de comodidades le hacía señas para quedarse en casa, con su familia.

“Estaba escrito”, hubiera dicho Diógenes, en referencia al ”No vayas Roberto”, solicitado casi con desesperación por aquel gran topedero que fue José Pagán, al pie de la escalerilla del avión. ”José, si vas a morir, morirás”, respondió el astro boricua,  y subió, a su encuentro con el destino.
 
Desde el 23 de diciembre, cada amanecer había sido siniestro en aquel cierre de 1972...Y ese 1 de enero, el cielo permanecía opaco, el aire frío, el ambiente triste y la tragedia continuaba golpeándonos en las narices...Saltando sobre cadáveres, zig-zaguendo entre tumbas, atrapados por las ruinas, nuestro aturdimiento sufrió otro impacto y el corazón se nos terminó de romper con la noticia de la muerte de Roberto Clemente.

Me pregunté: ¿Por qué señor la fuerza de voluntad y el afán de colaboración de ese extraordinario ser humano revestido de un inmenso espíritu de sacrificio, se fue a pique junto con ese aparato inapropiado?.

Después de 40 años, el recuerdo de lo escalofriante, sigue erizándonos la piel y turbando nuestros sentidos: "Desde San Juan Puerto Rico, se informa que el avión que se dirigía a Nicaragua llevando ayuda, con Roberto Clemente y otras cuatro personas, se precipitó al mar. No hay sobrevivientes".

Lo de Clemente y Nicaragua fue "amor a segunda vista"... Roberto había estado entre nosotros en 1964 como parte de la impresionante alineación de los Senadores de San Juan en aquella Serie Interamericana que ganó brillantemente el Cinco Estrellas. Fue cuando desde las tribunas del jardín derecho le lanzaron un garrobo que lo asustó al extremo de palidecer.

Ocho años después, justo cuando Clemente acababa de aterrizar en  la pista de los 3 mil hits con un doble contra John Matlack, y su proyección hacia el Salón de la Fama se consideraba un hecho, el dirigente del béisbol de aficionados de Puerto Rico Oswaldo Gil, le ofreció dirigir al seleccionado de la Isla en el Mundial Nica. "Hay quienes murmuran detrás de mí que esa fue la decisión mortal para Roberto, pero no lo admito" ha manifestado Gil en diferentes ocasiones.

Durante ese Torneo del 72, conocí a Roberto y el conoció a nuestro pueblo. Se sintió atrapado por la hospitalidad del nica, su pasión por el béisbol y las bellezas de nuestro país. Le impresionó el respeto, la admiración y la idolatría que se le tenía. En el Hotel Intercontinental se convirtió en el epicentro de la atención del público y del periodismo... Era emotivo y rebelde por naturaleza, defensor a muerte de los peloteros latinoamericanos y un atacante implacable del racismo.

¿Cuántos de nosotros dejaríamos a la familia un 31 de diciembre para correr riesgo en un avión inseguro y sobrecargado buscando como ayudar al prójimo en desgracia?... ¿Qué nivel de sensibilidad humana se requiere para ello?...¿Hubiera entendido alguien la grandeza espiritual de Clemente sin ese gesto y más dramáticamente aún, sin ese desenlace?

Manny Sanguillén, un gran amigo trató de convencer a Clemente que no hiciera el viaje en un vuelo que se estuvo postergando desde la mañana del 31 de diciembre hasta las 11 y 20 de la noche. Su esposa Vera regresó a casa después de haberlo dejado en la terminal aérea, sólo para observar como su sobrina levantaba el teléfono recibiendo la noticia de que el aparato se había precipitado y hundido intentando tomar vuelo. "Oh no... No puede ser, él va para Nicaragua", dijo Vera. Pero más tarde no quedaron dudas. El mar lo había cobijado para siempre.

“No vayas Roberto”, le dijeron, y él respondió “Iré. Si vas a morir, morirás”. Así de sencillo, pero al mismo tiempo tan grandioso. Todo depende de la actitud, de la misión, de la convicción, de la entrega a un propósito.

El hit 3001 de Clemente, ese que nunca apareció en los box scores, fue el de más significado de su vida, el que lo mostró de cuerpo entero como un ser humano de enorme sensibilidad y determinación a prueba de balas. En su muerte, víctima de un golpe traidor o de una burla cruel del destino, Clemente nos enseñó mucho acerca de la vida.

Hay silencios de silencios, y está éste silencio provocado por su muerte, espeso, impermeable, tan inmenso que nos ha mantenido conmovidos en forma permanente durante 40 años. Morir de esa forma se convierte en una factor de inspiración inagotable. Roberto Clemente lo dejó todo por tratar de ayudarnos a salir a flote sin importarle los riesgos contra todas las advertencias. Uhh ¿cómo dimensionar eso? Fue un gesto sublime, un sacrificio extremo y un ejemplo imperecedero. Insisto: aquí no hay piedras de agradecimiento suficientes para hacerle la estatua que se merece.

Remembranza acerca de René Cárdenas

Por Edgard Tijerino
dplay@ibw.com.ni
Mayo 10, 2008.

Edgard Tijerino - Columnista de El Nuevo Diarioi de Managua, Nicaragua.Hay sentimientos que te llenan el alma, que nunca se deterioran pese a ser golpeados por factores adversos, que grafican la clase de persona que eres, que muestran tu carácter. “Soy nicaragüense por gracia de Dios, pero no volveré a mi país hasta que me devuelvan mi casa. Me la robaron”, me dijo aquella mañana del mes de agosto de 1984, en el Dodger Stadium de Los Ángeles, René “El Chelito” Cárdenas.

Y no ha regresado, ni para recibir su placa del Salón de la Fama pinolero, pese a los esfuerzos que se hicieron. Su firmeza, como la de Leónidas, resiste corto-circuitos.

René podría ser el primer nicaragüense en ingresar al Salón de la Fama del béisbol. Él ha pasado tanto tiempo soñando por estar ahí, como con la recuperación de su casa de la Carretera a Masaya, injustamente confiscada y vergonzosamente retenida desde los años 80, cuando se decía que la revolución era fuente de derecho.

René regresa como aspirante a Cooperstown. Fue un precursor de las trasmisiones de béisbol en español de Grandes Ligas, primero con los Dodgers y después con los Astros, habiendo estado vinculado con los Rangers de Texas. Una vida de trabajo cultivando aprecios con esa vocación de amigo, tratando de ser ejemplo para las nuevas generaciones, exigiéndose a sí mismo.

¿Quién que haya necesitado ayuda con René a la orilla, no la ha conseguido?

En 1984 nos quedamos viendo en el palco de prensa de los Dodgers. Yo había sido funcionario del gobierno sandinista sin poder hacer algo por evitar la arbitrariedad; estaba ahí como un enviado de La Voz de Nicaragua y el diario Barricada, dirigidos por los altos militantes Carlos Guadamuz y Carlos Fernando Chamorro, y no pude evitar sentirme incómodo. René no titubeó, impulsado por el resorte de la vieja amistad, me abrazó y me atendió. Como diciéndome “entre vos y yo no ha pasado nada”.

Personas de esa calidad humana se nos fueron de entre las manos mientras esta nueva sociedad que René no conoce, era brutalmente carcomida por el paso de diferentes gobiernos.

¿Has podido controlar tus emociones frente a la nueva posibilidad de entrar a Cooperstown?, le pregunto a través del hilo telefónico.

“A mi edad, con mi experiencia, viviendo entre tantas expectativas, debería controlarlas, pero te atrapan”, responde.

René ha sido un combatiente de largos años con los factores adversos. Lo han golpeado, pero siempre se ha levantado y ripostado, con el respaldo de su esposa Jilma, que mucho antes de la aparición de Francisco Rodríguez se había acercado al centenar de juegos salvados para su marido.

Cuando se inauguró el Estadio con la Serie Mundial de 1948, René, un locutor y cronista en pleno ascenso, fue afectado por una zancadilla merecedora de tarjeta roja. Fue algo doloroso que todavía recuerda como si hubiera ocurrido ayer.


“El presidente del Comité Organizador, Anastasio Somoza Debayle, me postergó como narrador. Estábamos frente al más grande acontecimiento deportivo en la historia de Nicaragua, y como cronista en los medios, promoví esa Serie Mundial, pero como recompensa, Somoza me hizo a un lado y contrató a Buck Canel en contubernio con Chale Pereira. Ese fue el primer golpe bajo que recibí en mi vida. Fue una decisión dictatorial típica de esa familia gubernamental, pues los derechos de radio nunca fueron puestos en licitación. La Serie Mundial fue un acto público, pagada con nuestros impuestos”.

¿Cuántos años narraste en Grandes Ligas?

“Treinta y ocho años y sigo en la palestra luego de un ligero retiro. En otras palabras no estoy como para colgar los guantes. Este pinolero del barrio La Bolsa es duradero. Ojala otros paisanos que vengan después de mí lo hagan con el mismo ahínco”.

¿El juego que nunca olvidarás?

“No uno, sino varios. Mi primer juego con los Dodgers narrado en el Coliseo de Los Ángeles en abril de 1958; el Juego Perfecto lanzado por Dennis Martínez contra los Dodgers precisamente en Dodger Stadium; y cuando narré mi primer Juego de Estrellas por medio de la Cabalgata Deportiva Gillette con Buck Canel en el parque de los Candelabros en San Francisco. ¡Ah!, no puedo olvidar mi primera serie de desempate (playoff) y Serie Mundial en 1959, en el Coliseo de Los Ángeles”.

¿Cómo armarías un All Star de Grandes Ligas entre los peloteros que has visto?

“Este es un tema difícil porque hay muchos jugadores estelares y pocas posiciones, pero aquí va la lista de los que me gustaron: Johnny Bench detrás del plato; Willie McCovey en primera; Roberto Alomar en segunda; Brooks Robinson custodiando la esquina caliente; Cal Ripken en el short; Willie Mays, Mickey Mantle y Roberto Clemente en los bosques; Nolan Ryan, Bob Gibson y Juan Marichal como lanzadores derechos, en tanto Sandy Koufax y Whitey Ford como zurdos; y Mariano Rivera con Rollie Fingers para los cierres. Seguro que dejé a alguien que merece estar, pero es inevitable”.

¿Y entre los nicas, cuáles son los tres mejores de posición y los tres mejores serpentineros?

“En el primer caso, Francisco Fletes, Eduardo Green y Carlos “Pichón” Navas, y en el segundo, José Ángel “El Chino” Meléndez, Francisco “El zurdo” Dávila y Tomothy Mena”.


Los locutores nicas con los que trabajaste

“José García Sáenz, Sucre Frech, Tito Rondón, Evelio Areas Mendoza, Lucho Ortega, Chavo Ortega. Probablemente olvido uno o dos más. En las Ligas Mayores, únicamente con Rondón”.

¿Qué pensás de Carlos García?

“Que es el mejor dirigente deportivo en la historia de Nicaragua. Agresivo, diligente, gran organizador. Además de ser un amigo leal, tiene la bola de cristal que le ayuda a ser un visionario. Lo admiro”.

¿Qué tanto soñás con Cooperstown?

“Constantemente como lo hacen otros doscientos aspirantes. Fui candidato a principios de los 90, pero algo ocurrió y desaparecí de esa lista. Los Astros se han encargado de resucitar mi vieja candidatura. Hay una votación de los fanáticos para elegir a 3 y completar 10 candidatos oficiales, pero los narradores hispanos consideramos que es completamente injusta. Los aficionados hispanohablantes no tienen tantas computadoras ni son tan numerosos como los de habla inglesa. Ellos son millones y nosotros somos unos cuantos miles nada más”.

¿Qué crees que te faltó lograr?

“En la narración de béisbol en radio, nada. Lo único que no había hecho era narrar en vivo por televisión con toda la alta tecnología y las mismas facilidades que tienen los narradores de habla inglesa. Lo logré este año con los Astros de Houston. (Dos cámaras propias y cuatro compartidas. Un equipo de 12 personas trabaja en el programa, incluyendo mi propio productor en español y un especialista de gráficas en español en el camión detrás del jardín derecho del estadio. En la caseta tengo a cuatro especialistas. Raúl Sáenz, el analista, un camarógrafo, un director de secuencia y un experto en audio)”.


¿Qué te ha sorprendido del béisbol actual?

“Como purista de béisbol, en aquel tiempo creí que el formato divisional restaría calidad a la Serie Mundial, especialmente cuando un equipo sin título entra a la postemporada con menos merecimiento. Como van las cosas ahora, me doy cuenta que estaba equivocado, porque acerca del comodín, todo el mundo se olvida tan pronto como comienza la acción”.

Un abrazo René. Quienes te conocemos, aprendimos a valorarte y apreciarte rápidamente. Ojala puedas recuperar esa casa que construiste con bloques de sacrificio en la Carretera a Masaya, y volvamos a comer esos elotes tiernos cobijados con mantequilla que tu esposa Jilma prepara con tanto esmero.