Beisbol de 1917: Campeonato Municipal de Managua

De cuando le cambiaron el nombre al Bóer y, ganó de todas maneras. Crónica publicada en La Prensa el jueves 19 de julio de 1934.

Por Leonardo Lacayo Ocampo
"DON" (Fallecido en octubre 1 de 1991)

Leonardo Lacayo Ocampo(Nota: esta crónica fue publicada en La Prensa el jueves 19 de julio de 1934. Historia: el béisbol se juega por primera vez en la región nicaragüense en 1888, el primer partido en 1889 en el Protectorado Británico de la Mosquitia, por primera vez en Nicaragua en 1891, el primer Campeonato Municipal de Managua en 1912 – ganó el Bóer -, y el primer campeonato de lo que es hoy Superior o Primera División en 1915; ganó el Managua. Leonardo Lacayo Ocampo, que a la usanza de la época adopta el seudónimo de DON para escribir crónicas deportivas, regresa de estudiar en Chicago en 1931, e inventa para Nicaragua la crónica deportiva moderna. Es el más grande del siglo XX: publica los primeros “box scores”, primeros recuerdos históricos (como el primer juego sin hit ni carrera propinado en Nicaragua, fue por Salvador “El Zurdo” Argüello) y bautiza al Bóer como “Indios” en 1931, las primeras estadísticas en 1932, y la primera investigación histórica, ésta que presentamos aquí, en 1934. En 1918, según investigación y hallazgo de Jorge Eduardo Arellano se publicó la primera crónica histórica).

Es algo muy difícil para un periodista de esta época desentrañar pasajes vividos de las ligas de béisbol que hace dos décadas jugaron en Nicaragua nuestros equipos mayores. Sin embargo, tras ardua labor, obstaculizados notablemente por la falta de “records”, cosa desconocida en aquellos tiempos por nuestros peloteros y periodistas, y después de una cacería de varios meses, hemos logrado aterrizar en el Polo. Don José Antonio Vanegas, fanático de hace más de veinte años y managüista legítimo nos ha satisfecho la curiosidad.

El señor Vanegas con una minuciosidad digna de toda alabanza, se tomó la modestia de llevar el “score” de las ligas de 1917 y 1918, y de un armario vetusto y polvoriento sacó sus codiciados apuntes que él guardaba, para ayudarnos a servir a nuestros lectores un suculento plato de añoranzas beisbolísticas.

En aquellos tiempos no entendían nuestros clubes de tener un elenco de lanzadores, lujo que ahora se permiten los equipos contemporáneos. Un “pitcher” era el que cargaba la responsabilidad y por eso no vayan a asustarse ustedes, si en la liga local que se principio en Managua el 9 de septiembre de 1917, cuando el que estas líneas escribe iba tranquilamente con una pizarrita bajo el brazo a la escuela primaria, solamente aparecieron tres lanzadores, las “luminarias curvísticas” de aquella época, Chabelo Fernández, Carmen Quinto y Alfonso Vega “Jolea”, disputándose los honores del diamante.

¿“Pítcheres de tapón (Nota: relevistas)? ¿Bateadores emergentes? ¡Bah! Eso no era necesario en aquellos benditos tiempos en que el muy sereno Juez de hoy, don Emilio Olivares, y el “pontífice” Juan Manuel Morales, se dedicaban a pegar garrotazos a derecha e izquierda.

Tampoco había una “pobre” Comisión Nacional de Deportes, ni una “augusta” Asociación de Jueces que sirviera de desahogo a las braviatas del público. Las cosas se decidían con el bate en la mano y ¡ay! Del pobre Juez que siquiera se atreviera a lanzar una mirada de reproche a los espectadores.

Chico Soriano (Nota: Francisco o “Paco”, en su temporada de novato en 1917, era séptimo bate y short del Bóer), “Píldora” (Nota: Julián Rodríguez) y el muy imparcial Alejandro Ocón, que a veces vemos, a los dos primeros, metiéndose a jugar en un encuentro y al último contando “musolinescamente” bolas y “strikes” detrás del plato, eran en aquellos tiempos ídolos de las multitudes.

En las reseñas que hacemos a continuación bien puede haber sus equivocaciones ligeras. No existían los hits de piernas ni los sacrificios, y la concepción que se tenía del batazo limpio era muy distinta de la de ahora.

Tres clubes locales, el Managua, que ha conservado contra viento y marea la tradición de su nombre; el Nicaragua que antes había sido Bóer y después también recuperó su nombre, y el Sandoval, organizado por el célebre “Jolea”, después que éste había brillado como astro fulgurante en el bóer, eran los que disputaban en aquel entonces la supremacía beisbolística de Managua.

Listas de 1917

MANAGUA
SS Pedro Sosa
  P Carmen Quinto
  C Pedro Ortega
1B Luis Pinnock
2B Agustín Díaz “Guaro”
3B Felipe Torriente
1F Toño Romero
2F Humberto Canales
3F Feliciano Chávez
Repuesto Lolo Cepeda

NICARAGUA
SS Paco Soriano
  P Carmen Quinto
  C Félix Pedro Cuarezma “Tabirica”
1B Domingo Silva “La Loca”
2B Adán Molina “Venado Chingo”
3B Enrique Olivares
1F H. Cuarezma
2F Fernando Ocampo o T. Castillo
3F Emilio Olivares P.
Repuesto Celso

SANDOVAL
SS Jiménez
  P Alfonso Vega “Jolea”
  C “Justo Coto” Ramírez
1B  L. Guevara
2B Rafael Morales
3B E. Guevara o F. Duarte
1F C. Romero
2F Pancho Castillo “Lapa”
3F Daniel Morales

La lucha comenzó encarnizada, como decimos anteriormente, el 9 de septiembre de 1917; rompiendo los fuegos el Nicaragua y el Sandoval, ganando este último con 8 carreras por 5. Después el 16, el Nicaragua fue vencido nuevamente esta vez por el Managua con 4 carreras por 1. El 23, el Sandoval derrotó a su vez al Managua en una interesante partida de 1 por 0 en que Jolea guanteó tres veces a Pedro Ortega y dos a Luis Pinnock, peligrosos bateadores de este último equipo. El 30 nuevamente aplastó el Sandoval al Nicaragua con 5 por 3, y todo indicaba que la novena de Jolea sería la campeona de este año, pero los muchachos del Nicaragua recuperaron brillantemente de esa fecha en adelante logrando batir seguidamente al Managua y al Sandoval.

El 28 de octubre los discípulos de Carmen Quinto se anotaron un interesante capote de 5 por 0 sobre el Managua y se disponían a luchar su sangre en dos encuentros con el Sandoval con quien estaba una partida debajo.

Dos encuentros de entradas extras

Estas dos partidas que nosotros encontramos más interesantes que las demás, fueron ganadas por el Nicaragua, después de desesperada lucha de 13 episodios el 11 de noviembre, con 5 carreras por 4, y de once entradas el 25 de noviembre, con 3 por 2. El domingo intermedio, 18 de noviembre, el Nicaragua aplastó al Managua, con 7x3, a pesar de tres largos triples pegados a Quinto por el negro Pinnock.

A continuación damos el “bateo” para mayor entretenimiento de nuestros lectores. Domingo 11 de noviembre de 1917:

SANDOVAL                            AB     C       H
Daniel Morales LF                  5        0        1
L. Guevara 1B                          5        1        0
Alfonso Vega “Jolea” P          6        1        0
C. Romero RF                         6        0        1
Jiménez SS                              6        1        2
Rafael Morales 2B                  6        1        1
“Justo Coto” Ramírez C         5        0        1
F. Duarte 3B                             5        0        0
Francisco Castillo CF            5        0        1
TOTAL                                     44      4        7

NICARAGUA                           AB     C       H
Enrique Olivares 3B              6        1        2
Adán Molina 2B                      6        0        2
Domingo Silva 1B                  6        0        1
Fernando Ocampo CF          6        0        2
Carmen Quinto P                   6        0        1
Emilio Olivares LF                 6        2        1
“Paco” Soriano SS                 5        1        1
(¿Félix Pedro?) Cuarezma C     6        0        1
F. Cuadra RF                          6        1        0
TOTAL                                     53      5        11

Sandoval -              310 000 000 000 0-   4    7
Nicaragua              100 012 000 000 1-   5    11

En la primera partida de entradas extras entre el Sandoval y el Nicaragua que eran decisivas para el campeonato local, el Sandoval hizo un caluroso recibimiento a Quinto, metiéndole 3 carreras, cuando Jolea se embasó con un error, Jiménez pegó un doble al JC y ambos fueron empujados al plato con otro doble de Rafael Morales, entrando éste pocos minutos después con un sencillo de Justo Coto. En el segundo agregó el Sandoval otra carrera más por intermedio de Guevara. Pero este atrevimiento de los muchachos de Jolea fue castigado severamente por Carmen Quinto que en los once actos siguientes no permitió un solo jugador contrario que le cruzara el plato, mientras sus compañeros apuntaban una carrera en la entrada inicial por medio de Enrique Olivares, agregaban una en el quinto episodio y 2 en el sexto y ganaba el encuentro en el 13vo, episodio cuando Emilio Olivares entró al plato por un sencillo de Soriano, con la carrera del triunfo.

Con esta victoria del Nicaragua quedaban ambos equipos en iguales términos y está demás decir que la partida de muerte se jugaría el 25 de noviembre fuera presenciada por una grandiosa multitud.

En esta lucha también el Nicaragua se llevó la mejor parte ganando por 3 careras por 2 en once entradas.

A pesar que Jolea estuvo maravilloso guanteando a 15 hombres del Nicaragua, se vio abrumado por una derrota, por los errores de su cuadro que permitió entrar al plato a Fernando Ocampo en el undécimo acto con la carrera decisiva, estando el encuentro entablado 2 carreras a 2. Venado Chingo fue la víctima esta vez, abanicando tres veces consecutivas.

Después que el Sandoval tomó la delantera en el 5to episodio entrando Guevara al pegar doble Romero, el Nicaragua entabló en el sexto por medio de Fernando Ocampo, y la pizarra permaneció amarrada hasta el 10mo episodio en que ambos clubes metieron carrera. Después se bajó el telón en el capítulo XI, en la forma antes mencionada.

Fernando Ocampo fue el héroe de esta jornada, pegando un doble y un triple y siendo el único jugador del Nicaragua que pudo anotar carrera a Jolea.

Después el Nicaragua dio la apaleada final al Managua, con 6x4, ganando de este modo el campeonato local de 1917.

Nota de Tito Rondón: Ver que don Leonardo ya en los 30s era moderno, pues publica rosters y box scores, dándonos una idea más completa del mundillo de la pelota que lo que se puede en una simple crónica. Se pueden analizar varias cosas, como que la razón de que los equipos en 1917 tenían solamente un lanzador era que jugaban solamente los domingos. Curiosamente, eso mismo sucedía generalmente en 1934, pero ya se usaban dos o tres lanzadores.

Ver que se jugaba buena pelota ya en 1917, pues una superestrella como Paco Soriano solamente era séptimo bate del Bóer. Claro, era novato, pero comparar con los novatos estelares que vemos hoy.

No hay que olvidar que Soriano asombro al equipo militar de la Zona del Canal en 1925, todos profesionales y de buenas ligas, cuando un estadounidense lo bautizo como "Rey del Hit" y le bateo bien al dominicano Sijo Gómez de los Cuban Stars de las Ligas Negras, que había enfrentado a bateadores como Oscar Charleston y John Henry Lloyd, ya veterano y pachanguero, en 1932.

Claro, en Nicaragua no se sabía jugar beis, pero que había talento, lo había. No me cabe la menor duda de que Soriano y el Zurdo Arguello tenían talento de ligamayoristas; Chale Pereira creía que Soriano había sido mejor que Rigo Mena.

A Feliciano Castillo que aparece como LF (tercer jardinero) del Managua le quedaban meses de vida, pues pereció arrollado por el tren después de jugar un partido en Granada en 1918, accidente "que conmociono a toda la nación...".

"No había hits de piernas": ¿todos los catalogaban como errores? Un misterio. Ver la admiración a Musolini! Era normal entonces.

Nota 1: René Cárdenas comenzó a recibir clases de periodismo dictadas por el catedrático Leonardo Lacayo Ocampo en 1946, cuando era Jefe de Redacción de la Estrella de Nicaragua. Por las noches, Cárdenas a los 16 años de edad, era el corrector de pruebas del periódico) y Editor Deportivo de La Prensa en 1947 y 48.

Nota 2: René, estoy contento que recuerdes a mi papá en La Estufa Caliente. Gracias.  Paulo Emilio Lacayo Escobar.

Nota 3: Gracias primo René, mil gracias por compartir la información y hacerle honor a mi querido papá. Un beso. Ofelia Lacayo de Pérezalonso.

El "último turno al bate" de Chale Pereira

Por Leonardo Lacayo Ocampo

Leonardo Lacayo OcampoCarlos Pereira Ocampo, acababa de entrar en el "exclusivo club" de 80 o más años de edad, cuando le tocó el último turno al bate en la vida y, se embasó con la carrera de la eternidad.

Los conocimos muy joven cuando regresó de San Francisco, California, precisamente la ciudad donde él murió el viernes 24 de mayo de 1991.

En los 30 años estuvimos ocasionalmente juntos en el micrófono, en el viejo parque de pelota que se convirtió después en el Estadio Cranshaw. En una emisora local, nos acompañaba a veces, transmitiendo por primera vez en Managua, Las Grandes Ligas, con traducción simultánea del inglés.

Pocos años después de haberse casado con Julita Huembes, encontré a Chale en la calle y di el saludo de rigor:

"¿Qué tal hombré?"

--"Pues, fíjate que mi último niño, es igualito, igualito, repetía con énfasis, al primero que se nos murió", lo decía riéndose, lleno de alegría, pero su alegría tenía cierta huella de tristeza, por el recuerdo del hijo fallecido.

Chale fue siempre un hombre de bien que sacaba el sabor más agradable a la vida.

No solo fue deportista, buen escritor y autor de un libro de dos tomos sobre pintorescas escenas del viejo Managua; notable narrador y comentador radial, sino también, un hombre de números, que ocupó altos cargos en el Banco Nacional.

Chale, excelente pianista, fue diletante del arte y la cultura, muy apreciado en círculos sociales. Participó más de una vez, con su señora, en veladas de los Chicos de la Prensa.

Siempre optimista, caballeroso, nunca se le vio mal humorado,  ni se le oyó expresarse mal de alguien; gozaba de especial simpatía.

En 1951 viajamos varios nicaragüenses con Carlos Pereira a República Dominicana, donde él inauguraría un Congreso de la FIBA (Federación Internacional de Beisbol Aficionado).

Con funcionarios dominicanos asistimos a una ceremonia en el Altar de la Patria, donde reposan los próceres de aquel país.

Al salir del edificio, Chale nos dijo casi al oído: "No me entra eso de que se llame Ciudad Trujillo a la capital de República Dominicana. Para mí será siempre Santo Domingo".

Como Presidente de la Federación Internacional (FIBA), siempre actuó con ecuanimidad. Tuvo momentos difíciles para organizar en Managua la Primera Serie Mundial, después de contribuir notablemente a la construcción del Estadio Nacional donde se realizó el evento.

Se ha organizado un comité a fin de recaudar fondos para colocar una placa de Chale Pereira Ocampo en el Estadio Nacional, como reconocimiento a su brillante carrera de deportista, crítico radial, periodista, incansable luchador para lograr el mayor desarrollo físico de la juventud nicaragüense.

Muy pocos pueden presentar un curriculum vitae como Chale Pereira. El comienzo de la década de los treinta se inició como Juez de Beisbol, siendo uno de los mejores que ha tenido el país; tradujo las reglas del beisbol del inglés al español, las cuales casi eran desconocidas en esa época, ocupó los más altos cargos en los deportes nacionales e internacionales y todavía en 1991 realizaba labor por su patria en San Francisco, California, donde tenía programas en dos de las principales emisoras de aquella ciudad. Pudo vanagloriarse de haber dado un salto de más de 60 años luchando por el prestigio de su Nicaragua que tanto quiso.

Chale proyecta sobre el horizonte de la patria, una personalidad donde afloran méritos y virtudes que deben ser imitados.

Pereyra Ocampo ha cumplido su deseo de que sus restos sean sepultados en Nicaragua.

El pueblo nicaragüense le da, con mucho dolor, el último adiós.

¡Hasta la vista Chale! Tus amigos esperamos tu último turno al bate.

NOTA: Leonardo Lacayo Ocampo fue el profesor de periodismo de René Cárdenas