Años fundacionales del
beisbol nica

Los Invencibles de Fordham.
Los Invencibles de Fordham en 1888, team admirado por nueve estudiantes nicaragüenses del Saint John’s College. CORTESIA/END

Por Jorge Eduardo Arellano

Surgido al final de la estable y transformadora segunda etapa de los “Treinta Años” (1875-1893), el béisbol constituyó una novedosa proyección de la cultura de los Estados Unidos. Como actividad recreativa en la sociedad nicaragüense, la estableció primero en Bluefields un comerciante extranjero; inmediatamente lo introdujeron en Managua y Granada hijos del país, mejor dicho: nueve egresados de un college de Nueva York (siete granadinos y dos managüenses), más uno, también de Managua, graduado en otro de Pensilvania. No obstante, su origen elitista en la región del Pacífico, pronto se convirtió en un ritual laico —distinto de las ceremonias religiosas y las efemérides tradicionales—, capaz de convocar a personas de diferentes clases. Y ya, a principios del siglo XX, lo jugaban en su mayoría elementos populares.

Secretario / AGHN

Adolf Adlesberg: introductor del béisbol en Bluefields

La primera vez que se jugó béisbol en el país fue en Bluefields en 1889. Adolf Adlesberg —un alemán emigrante con más de veinte años de residir en la región— lo introdujo un año antes, tras aburrirse de ver a los conjuntos de cricket Caledonia y Peace Club. Y al enseñar sus reglas a los jóvenes creoles de ambos equipos, estos comenzaron a practicarlo con mucho entusiasmo.

Adlesberg era un hombre respetable y de gran sociabilidad. Músico y actor dramático, organizaba conciertos y dirigía el Bluefields Amateur Dramatic Club. Procedente de Nueva York con unas setenta u ochentas personas, intentó fundar una colonia que se establecería en el poblado de Río Grande; fracasada esta, tuvo en San Juan del Norte una tienda de comercio y un pequeño hotel. En 1892 fue registrado en una lista de extranjeros como ciudadano estadounidense y con un capital de 8 mil dólares.

Sin duda, Adlesberg conocía el nuevo deporte y lo impuso como prueba a los jóvenes costeños con pelotas de hule y bates rústicos durante algunos meses de prueba. Como vio que les gustaba el beis, decidió importar vía Nueva Orleans su utilería; sus discípulos no usaban manoplas, solo bates elaborados de “madera rolliza y dura de rama de montaña”. El nueve de mayo de 1889 se fundó el Southern, equipo que acogía entre sus filas a habitantes de la parte sur de Bluefields, exclusivamente, y luego el White Rose “otro nombre célebre en la historia de los deportes bluefilenses”. Desde entonces, con la transformación del aristocrático criket inglés en béisbol, data la asimilación popular de las bolas, bates y manoplas entre los costeños.

El primer encuentro en el trillo de Los Fallas en Managua

Sin minimizar el aporte del litoral atlántico, el béisbol fundacional de la región del Pacífico generó más documentación. En efecto, el primer encuentro de beis se remonta al 24 de julio de 1891, celebrado entre los equipos de Managua y Granada, en el trillo de café de Los Fallas —hoy predios del Colegio Bautista— de la capital. La iniciativa había sido de los capitalinos.

Pero un mes antes, por lo menos, los miembros de los dos conjuntos debieron realizar sus prácticas: unos en lo que sería la Plaza de la República y el Parque Central; los otros en el campo granadino de “La Majulia”. “En sus juegos no se contaban los fouls-ball como strikes y para ir a la base, el bateador tenía que esperar siete bolas del lanzador”. Una fotografía del Managua Baseball Club a mediados de 1918 —publicada en el seminario Nicaragua informativa— constituye la primera fuente documental gráfica de nuestro béisbol. Pues bien, en dicha fotografía se ha identificado a los integrantes del equipo referido.

Jugadores del Managua y del Granada

A saber: Adolfo Cárdenas, lanzador; Ricardo Solórzano, antesalista; José Ángel Robleto, campo cortista; Francisco Reñazco, inicialista; Joaquín Martínez, receptor; John May, capitán y segunda base; Tomás y Carlos Wheelock, y Francisco Gutiérrez, jardineros. Ellos (a quienes apoyaban el hotelero italiano José Lupone y el estadounidense Key Thompson) perdieron ese primer desafío frente al Granada.

Este lo formaban David Arellano (lanzador y capitán, o sea, manejador) y su hermano Narciso, inicialista; Roberto Martínez Moya, receptor; Enrique Jacoby, segunda base; Esteban Vargas, tercera; Francisco Granizo, campo corto; Filadelfo Chamorro, Juan Jacoby y John Campbell, jardineros. También jugaron Clemente Mántica, tercera base; un “míster Casanova”, Constantino Lacayo y Virgilio Falla. El encuentro fue tan reñido “que no pasó de tres carreras” (¿2-1? O ¿3-0?).

El uniforme del Managua Baseball Club tenía los colores siguientes: gorra azul, camisa deportiva celeste y medias color rojo quemado. El del Granada consistía en camisa blanca, pantalón de dril amarillo, gorras y medias de color negro.

El Saint John’s College: matriz beisbolera de Cuba y Nicaragua

¿Dónde y cómo habían aprendido béisbol estos jóvenes pioneros? La mayoría durante sus cursos escolares en el Saint John’s College de Fordham, Nueva York, establecido en 1841 como centro de enseñanza primaria bajo la dirección del obispo auxiliar de la diócesis reverendo John Hudghes, y comprado desde 1846 por la Compañía de Jesús. El college quedaba en el barrio negro del Bronx, adonde habían llegado a estudiar otros jóvenes, como los cubanos Carlos y Teodoro Lozaldo de 1875 a 1877. En el colegio habían tres equipos de béisbol. El club de los mayores jugaba con el Princeton y otros de distintas universidades. En el Saint John’s College, Teodoro Lozaldo aprendió con sus compañeros a lanzar una bola curva, que era solamente para afuera, la cual introdujo en Cuba en 1877.

David Arellano: cronista y lanzador en el béisbol colegial de Nueva York

El granadino David Arellano Sequeira (12 de octubre, 1872-16 de octubre, 1928), quien había estudiado en Fordham desde agosto de 1882 hasta junio de 1891 —casi nueve años— fue el lanzador ganador del famoso juego en el Trillo de Los Fallas. Por algo había integrado, sucesivamente, los tres equipos del centro educacional que regentaban los jesuitas en Nueva York: el de la tercera división (los pequeños), el de la segunda (la mediana) y el de la tercera (la mayor). No solo aprendió a curvear, como el cubano Lozaldo, sino a desempeñarse como cronista beisbolero de su colegio.

En The Fordham Monthly [June, 1888] aparece en la segunda división firmando una crónica. Habla del acto anual a la devoción del Sagrado Corazón (Sacred Heart), del fallecimiento de la madre de un compañero de clases y de los resultados de cuatro encuentros beisboleros. Dice: “Hace algún tiempo, un conjunto de los vecinos del Harlem [el barrio negro de Manhattan] vino a cruzar bates con los Actives; entonces afirmaron que nosotros no podíamos ser sus rivales y al final de la novena entrada la pizarrea estaba 49 a 3”. Los Actives era el equipo de Fordham de la Segunda División. Arellano frisaba en los 15 años.

Luego reseña el encuentro del 27 de mayo entre los Invencibles —equipo de Fordham, de la Primera División— contra el Manhattans de Nueva York, habiendo ganado los primeros 13 a 6. En la mañana del jueves siete de junio del mismo año fue celebrado el partido entre el Tyros —equipo de la Tercera División de Fordham— y el Primroses, sobre el cual Arellano también escribió. Igualmente lo hizo sobre el encuentro del Auroras de la ciudad de Nueva York con el Invencibles, ganando estos ocho a cero.

En el New York Times del 30 de marzo de 1890 apareció una titulada “Fordham College Notes”, la cual informa que el día anterior el equipo del referido colegio estaba formado y dispuesto a jugar. En ella aparece el nombre de David Arellano integrando dicho equipo como change pitcher. Ese mismo domingo 30 se enfrentó al Clinton, un equipo semi profesional neoyorquino. Arellano, a sus 17 años, relevó a R. Carmody, realizó seis asistencias y cometió un error. En The Fordham Monthly (March, 1890) se publicó el resultado del juego: 13-18 a favor del Clinton, con su respectivo score, el primero en el cual figura un nicaragüense y uno de los más antiguos de la historia del béisbol.

De David Arellano también se sabe, por tradición oral, que en un juego de exhibición les lanzó a los Gigantes de Nueva York. “Sería la primera vez que un nicaragüense se enfrentara a un equipo de Grandes Ligas”, puntualiza Tito Rondón. Aún más: en otro número de The Fordham Monthly se lee el testimonio documentado más antiguo sobre la existencia del béisbol en nuestro país: la carta, suscrita en Granada el lunes 1ro de febrero de 1892, en la cual Arellano afirma: Im getting tired of this hot and dusty dolce farniente here in town, and after tomorrow’s base-ball game with the team from the capitol… / Estoy cansado de esta caliente y polvosa dolce farniente aquí en la ciudad y después del juego de béisbol de mañana con el equipo de la capital. Es decir, el Granada y el Managua jugaban los días de semana, en este caso: el martes dos de febrero de 1892.

La Sociedad de Recreo de Managua

La actividad social en estos encuentros era tan importante, o más, que el aspecto competitivo. De hecho, dos meses después de la carta redactada por Arellano —y dirigida a un ex condiscípulo— el gobierno de la República —presidido por el doctor Roberto Sacasa desde agosto de 1889— aprobaba los Estatutos de la Sociedad de Recreo de Managua: un club social que tenía de objetivo la práctica de varios deportes modernos: béisbol sobre todo (lo llevaban jugando casi un año), boxeo, ciclismo, tenis, etc. El ex-mandatario Adán Cárdenas era su presidente y C. H. Wheelock, el secretario. En la Junta Directiva figuraban dos cargos nuevos: director de juegos y subdirector de juegos.

Una nueva forma de sociabilidad se imponía a nivel de élite, encabezada por los egresados de Saint John’s College: los jugadores del Managua: Francisco Reñazco y Francisco Gutiérrez; y los del Granada: Juan y Esteban Jacoby, Roberto Martínez Moya, Francisco Granizo, David y Narciso Arellano. Por su parte, Adolfo Cárdenas, egresado del Lehigh University, Pensilvania, e hijo del ex-presidente Adán Cárdenas) integró el equipo capitalino.

El banquete del Hotel de los Leones en Granada

Los partidos culminaban con un banquete, el equipo perdedor asumía la factura y, para trasladarse de una ciudad a otra, pagaban un tren expreso. Los capitalinos se hospedaban en el Hotel de los Leones, en Granada; los sultanecos en el Lupone, en Managua. Una broma del propietario del primero —el norteamericano Alejandro Alberto Downing— provocó que Francisco Reñazco y Joaquín Martínez entraran a puñetazos con los granadinos. Una fuente impresa, sin embargo, señala que el disgusto se dio, entre algunos jugadores del club capitalino y espectadores del banquete, después de un brillante triunfo del club granadino (Nicaragua informativa, revista cit.). En cualquier caso, el jefe político José Ángel Moral prohibió los partidos en la Sultana; pero en Managua se continuó jugando, por lo menos a lo largo de 1892.

Prohibición del beis en Granada y Managua

A tal grado llegaría la Sociedad de Recreo en la promoción del béisbol que los muchachos de las calles imitaban a sus miembros diariamente, y a todas horas, ocasionando molestias a los transeúntes. Juan de Dios Matus, Director del periódico El Duende, emprendió una campaña contra esa práctica espontánea, que tendría eco, ya que el alcalde de la ciudad los proscribió. De todas maneras, el 28 de abril de 1893, con la toma del cuartel de Granada por los conservadores —apoyados por liberales de Managua— se inició una revuelta contra el gobierno de Sacasa que concluiría el 31 de mayo. En esa fecha se firmó el Pacto de Sabanagrande, ratificado en Masaya al día siguiente. El béisbol debió interrumpirse.

Pero con el régimen de José Santos Zelaya el béisbol estaba destinado a resurgir. En los últimos años del siglo XIX, en efecto, se formaron tres equipos: La Juventud, La Constancia y La Insurgencia, que dieron magníficos partidos en la plaza de Candelaria. Lamentablemente no se tiene más noticias de tales equipos.

La primera vez que se jugó béisbol en el país fue en Bluefields en 1889, promovido por Adolf Adlesberg, un alemán emigrante con más de veinte años de residir en la región, aburrido de ver a los conjuntos de cricket Caledonia y Peace Club.

NOTA ACLARATORIA DE TITO RONDÓN: Excepto que Bluefields no quedaba en Nicaragua, era parte de un protectorado británico. Y tampoco fue la primera vez que se jugó beisbol en Gran Bretaña y sus colonias, ya se jugaba AL MENOS desde principios del siglo XVIII.

Oficialmente, el primer partido en Nicaragua se jugó el 24 de junio de 1891; cuando los jesuitas abandonaron el país dejaron tan buena fama que muchos muchachos fueron enviados a sus colegios en Nueva York, donde también acudieron de Cuba y México.

Cuando regresaron a Nicaragua decidieron seguir jugando, y pronto convencieron a otros, e inmediatamente los imitaron los chavalos que los veían practicar, y en semanas la locura del beisbol invadió Nicaragua.

La frase correcta es: la primera ciudad donde se jugó beis en lo que es hoy día Nicaragua fue en Bluefields, donde se practicó en 1888 y se jugó oficialmente en 1889.

Los primeros jugadores que se conocen son el Rev. Joseph Harrison, Stafford Omeir y Clay St. Clair.

El Centenario del Beisbol Nicaragüense se celebró oficialmente en 1991.